A lo largo de su historia, la fotografía ha encantado a las grandes masas. Presentamos un recorrido por la cultura mainstream y su relación con la fotografía desde el siglo XIX hasta nuestros días.
El retrato, género no siempre bien entendido y al que frecuentemente se le exigen imposibles, es un apasionante apartado en la historia del arte que fue revolucionado por la fotografía. Seguir leyendo Retrato y fotografía→
Se insertó en las sub-culturas neoyorkinas para lograr comprender su identidad y en el proceso logró una de las obras de arte reciente más apreciadas por la tribu cultural global.
Por Óscar Colorado Nates*
Cuando Nikki S. Lee llegó a la galería en Frankfurt para su primera exposición en Alemania quedó horrorizada. El encargado de enmarcar las fotografías las había arruinado cuando decidió recortar los bordes. La artista coreana debía hacer algo rápidamente o de otro modo su obra quedaba invalidada absolutamente: simplemente no diría lo que ella había intentado en su concepto al crear se segundo gran trabajo: “Parts”. Seguir leyendo Nikki S. Lee y el «yo» a partir de los demás→
¿Serán los teléfonos móviles el repositorio de la fotografía vernácula en el nuevo milenio? Escucha las reflexiones sobre la fotografía en los teléfonos celulares en el Podcast de OscarEnFotos.
Aunque la fotografía parece relacionarse con lo real, en verdad tiene que ver con lo imaginario.
Por Óscar Colorado Nates*
Ya hemos discutido antes sobre la relación entre arte y fotografía y acerca del observador emproblemado que observa una pieza y se pregunta “¿Y eso es arte”? También introdujimos al lector en en la relación entre Arte conceptual y fotografía. Toca ahora el turno de advertir que aunque la fotografía parezca la forma de arte más accesible, es mucho menos obvia de lo que parece.
La fotografía es una trampa
De hecho la fotografía es una gran trampa y su primera red, echada al observador convertido en víctima, es la ilusión de mostrar algo real; es el famoso efecto realidad.
Fernando Portillo Guzmán lo explica con precisión: «la foto es una representación, un corte, una delimitación, una puesta en escena, una apuesta por la opinión propia, una mirada parcial, una rebanada escogida; no es, nunca, la verdad ni la realidad, aunque pudiera parecerlas, aunque pudiera, equívocamente, parecerse a ellas; (… [el fotógrafo] juega siempre con nosotros, juega con nuestra atenta mirada ajena; juega con nuestros sentimientos difusos; juega con nuestras experiencias previas; juega con nuestra concordancia, o discordancia, con la obra fotográfica visionada; juega con nuestra cultura inculcada y asimilada, sólida, fluida o frágil, al respecto de la lectura realizada; juega con la propia facilidad o dificultad en dicha lectura; juega con nuestra razón dialógica, comunicándonos algunas ideas o rompiendo mensajes intachables; juega con nuestra capacidad, o discapacidad, crítica; juega, siempre, con nosotros al ratón sagaz y a los gatos artrósicos, siempre acariciando nuestras distantes y lejanas pupilas, siempre perplejas ante su mirada previa.» [1]
La imagen no es nunca, de ningún modo igual a la realidad (ya no digamos a la verdad). Joan Costa lo sintetiza claramente en el siguiente cuadro [2]:
Imagen
Versus
Realidad
La imagen es un fragmento del entorno real.
La realidad es un continuo.
La imagen es bidimensional.
El mundo real es multidimensional.
La imagen es un artificio, un hecho cultural.
El mundo es un hecho de la naturaleza predecesora.
La imagen es un medio de comunicación.
El mundo real no es un medio, sino un absoluto.
La imagen es anacrónica, está fuera del tiempo.
La realidad es espacio y tiempo.
La fotografía sigue siendo tremendamente popular gracias a su asequibilidad: Nadie que camina por la calle y ve un anuncio publicitario de shampoo con una fotografía ilustrándolo requiere de una gran capacitación para una correcta interpretación.
Sin embargo, la fotografía es mucho más que su aspecto visual. Jean-Claude Lemagny, a quién acudiremos frecuentemente, declara que la fotografía “para ser comprendida, requiere un extremo refinamiento de sensibilidad. Es la más austera, y la menos accesible, de todas las artes.” [3]
Aunque parezca tan asequible, la fotografía no lo es en absoluto. He aquí dos ejemplos:
Quince años, Lima (Perú). Fotógrafo anónimo
Dovima con vestido Balenciaga. Richard Avedon. 1950