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Enrique Bostelmann, el poeta de la inmovilidad

Por Óscar Colorado Nates*

bostelmann_1Cuando el fotógrafo mexicano Enrique Bostelmann recibía clases de fotografía en Alemania estaba a punto de comenzar una de las décadas más convulsionadas del siglo XX. Era 1957 y este tapatío pronto emprendería una larga caminata que le llevaría, a él y a su cámara, por todo el territorio nacional. “Los fotógrafos viajábamos porque el mundo es luz, buscábamos la luz.” [1]

Su ojo resultó agudo para aquilatar las armonías visuales, analizar la luz y organizar los elementos en sus encuadre.

Estudió en la Bayerische Staatslehranstalt der Photographie. Sin embargo la perspicacia de su mirada iba más allá de los elementos meramente formales de la fotografía.

“Del entrecruzamiento entre sus fotografías documentales y la búsqueda compositiva de un concepto, Bostelmann es de los fotógrafos mexicanos que mejor asimila y desarrolla los planteamientos conceptuales, convirtiéndose en un tenaz cultivador del detalle humano.” [2]

Con lacerantes inspecciones de la realidad latinoamericana, Bostelmann reveló una realidad “no oficial” que pocos aceptaban. En su obra América: Un viaje a través de la injusticia, el fotógrafo de blonda cabellera mostraría una cara que muchos preferían ignorar.

América: Un viaje a través de la injusticia

bostelmann_10El México en el que creció Bostelmann estaba tiranizado por el discurso oficial. La prensa  adulaba sin recato al presidente en turno y se cantaban alabanzas al extraordinario progreso del  México moderno. Para la buena sociedad, hablar de un México subdesarrollado era de pésimo gusto; un auténtico insulto. Sin embargo Enrique Bostelmann hizo con los espacios rurales de Latinoamérica algo similar a lo perpetrado por Robert Frank contra Estados Unidos: un documentalismo que exponía esas dimensiones de América que tanto incomodaban al establishment.

Exif_JPEG_PICTURETal vez uno de los aspectos que debieron ser más chocantes de esta mirada impertinente era encontrar, de pronto, un tratamiento excepcionalmente poético de motivos fotográficos embarazosos. Tomemos por ejemplo aquella imagen hecha por Bostelmann donde la neblina rodea un iglesia con un hombre que camina hacia ella y vuelve el rostro. La descripción encaja perfectamente en alguna evocadora estampa parisina de Eugène Atget. Pero a cambio, el fotógrafo mexicano presentaba en primer término a un campesino en un cementerio creando una poderosa disrrupción.

El  discurso de Bostelmann resultaría francamente irritante para las “buenas conciencias”. Sus imágenes se alejaban demasiado del México pintoresco retratado por Walter Reuter en las páginas de la revista Hoy. [3] Enrique entrega fotografías cuya prédica diserta sobre la contradicción del hombre descalzo que observa decenas de sombreros. Sus contrapuntos se dan tanto en lo narrativo como en lo formal pues “intencionalmente provoca un desequilibrio perceptual en su trabajo utilizando en su obra una imagen que es radicalmente opuesta a la otra…”[4]

bostelmann_11Bostelmann abre camino al tantear una nueva forma de afrontar el México rural y sus habitantes a través de un iris cuya precisión colinda con la crudeza. Su estilo es, en este sentido, precursor de los tratamientos de Graciela Iturbide o Lourdes Grobet para crear una nueva era de indigenismo sin condescencencias.

Las querellas sociales del fotógrafo seguirían años después con su serie Juan de la Mancha, la historia de un niño habitante de una zona marginada.

Nuevamente Bostelmann emparadoja al observador con logradas imágenes de fuerte contraste tonal y composiciones contundentes frente a motivos fotográficos poco poéticos.

Sin embargo, este mismo poder de observación de la realidad latinoamericana la aplica, inmisericorde, a una miseria distinta, la de otros países que se ufanan de su primermundismo. Nuevamente, en la obra de Bostelmann rezumban el acento de Robert Frank o la ironía de Garry Winogrand .

“Inconforme con su mundo y su tiempo, la recurrencia a la negativa fue utilizada en sus imágenes como una prerrogativa para asumir diversos riesgos formales y construir con ellos todo un sistema de cuestionamientos que le permitieron fotografiar durante cuatro décadas los pliegues de la condición humana, a contrapelo siempre de sus desigualdades, grandezas y lo apenas perceptible.” [5]

El retrato

Enrique Bostelmann fue también un retratista consumado. Mucha de su maestría queda a la intemperie cuando ejecuta alguno de sus retratos que se vuelven únicos a través de una pose, un objeto o la composición misma. Existe como constante en el retrato bostelmanniano un punctum que vuelve a sus fotografías de personas tan originales como afiladas.

Espacios habitados

bostelmann_8Como consecuencia su evolución artística, Bostelmann edifica un peculiar puente entre los seres humanos y las cosas. Los objetos guardarían para este fotógrafo un misterio que buscaría desentrañar hasta el día de su muerte prematura a los 64 años.

En Espacios Habitados el ex-profesor del Instituto Paúl Coremans convierte a los objetos en las huellas de las personas.

bostelmann_4Toda fotografía es un índice (índex), una evidencia de un hecho físico, una señal. Del mismo modo, Enrique encuentra una suerte de índex en los objetos: el indicio de una existencia personal. El dueño impregna sus cosas con una especie de ánima.

En Espacios Habitados la figura humana no se hace evidente en el cuadro, pero subyace en una segunda capa, como si fuera un segundo término invisible, evidenciado por las huellas humanas dejadas en los objetos.

Esta etapa del artista resulta intrigante por el uso del color selectivo en ciertas formas concretas de la fotografía.

El acento pigmentado dentro de la estampa monocromática no se encuentra, al menos a primera vista, en lo que podría suponerse un centro de interés. Sin embargo Bostelmann dirige la mirada del observador a una forma concreta que le salta encima, fugándose de la mono-tonalidad. Sus ejercicios parecen ofrecer al observador un acertijo. Estas imágenes son, en tal sentido, una pregunta hecha por el fotógrafo al observador.

Estructura y biografía de un objeto

bostelmann_5La relación que tuvo Enrique Bostelmann con el escultor Sebastián tuvo impactos de diversa índole. Para el fotógrafo implicó el entender su papel de artista de manera muy cercana a la del escultor: “…pocos utilizan la cámara como si fuera el cincel, la espátula, el pincel de un artista.”[6] Parafraseando a Mathias Goeritz, Bostelmann luchaba esforzadamente con las restricciones del medio fotográfico. [7]

En su célebre colaboración con Sebastián, Bostelmann impregna de significados a una cafetera hasta el punto de prácticamente convertirla en un personaje. Nuevamente un objeto es el epicentro de su urgencia expresiva. En el título de la serie “Estructura y biografía de un objeto” se amalgaman tres conceptos sustanciales en la obra Don Enrique: la estructura, el objeto y la vida que hay en él al punto de hablar de una “biografía”.

En español llamamos naturaleza muerta a un arreglo de objetos con una determinada composición e intención estética. Al mismo hecho se le llama en inglés still life, que podría traducirse literalmente como “vida quieta”. Ambas son aproximaciones interesantes, pues mientras que en español hablamos de una suerte de cesación de la vida, (de ahí la noción de naturaleza muerta), en inglés se habla de una pasividad pero al mismo tiempo de una continuidad pues still también significa “todavía”. Enrique Bostelmann da continuidad a la vida de las personas a través de sus objetos.

Estética del objeto

El objeto, entonces, cobra peso y existencia propia ante la mirada de Bostelmann. La forma prevalece por encima de la utilidad de la cosa y le ofrece un grado nuevo de existencia. Su función original acaba en lo secundario. Enrique dota al objeto de una nueva función: la de ser bello, aún si originalmente no fue planeado para ello.

bostelmann_9Bostelmann encuentra vida en los objetos, una subsistencia prestada de su dueño. Esta idea llega a cenit en Historias de la memoria donde Enrique retrata a una serie de intelectuales y artistas a través de sus cosas materiales.

El creador argumenta: “Estos objetos vistos a detalle son un universo que revelan a su propietario. Una pequeña tecla, un zapato, dejan de ser un objeto y se convierten en un paisaje.”[8] Son cosas significativas y significantes en la vida de su  dueño. Así la cuchara que usó el padre de Elena Poniatowska en prisión es vecina de un texto original de Leñero y una diminuta máquina de escribir.

Para Bostelmann  “El ojo se hace muy detallista con el paso del tiempo. Ahora mi tendencia es ir al objeto pequeño, incógnito, que permite expresar una forma de ser del hombre. Después de haber fotografiado a tantas personas uno empieza a sentirse repetitivo, porque vemos la misma expresión, de tristeza, de alegría, de sorpresa, esos gestos son universales y hasta reiterativos. Ahora me pregunto ¿Cómo puedo hablar del hombre a través de sus objetos? Y trato de interpretar a cada uno por otros medios.” [9]

A manera de conclusión

Aún queda mucho por descubrir en las más de 30 mil imágenes que dejó Enrique Bostelmann. Su obra denota una permanente experimentación y exploración como “escultor de luz” que lo llevó de la denuncia social a profundizar en la relación entre la persona y los objetos con los que se vincula.

Quizá las palabras de José Emilio Pacheco sean las más acertadas para rubricar nuestro brevísimo análisis:

“Bostelmann humaniza lo inerte y llena de significación lo fugitivo. Transforma en arte y en conciencia cada nueva posibilidad técnica que le ofrece su medio de expresión. Dueño del color y del claroscuro, es el poeta de la inmovilidad y el maestro del movimiento.” [10]

* Oscar Colorado Nates es titular de la Cátedra “Fotografía Avanzada” en la Universidad Panamericana (Ciudad de México) donde dirige  la agencia de imagen FotoUP. Lo expresado en el texto es responsabilidad del autor y se formula a título personal por lo que no refleja necesariamente las opiniones y/o posturas de la Universidad Panamericana.

Notas

[1] Enrique Bostelman (sic) fotógrafo mexicano 1939-3 de diciembre de 2003,  http://zonezero.com/magazine/obituaries/bostelman/bostelmansp.html Consultada el 18 de diciembre de 2011
[2] Zavala y Alonso Manuel (ed.), Estática fugaz del tiempo/Erique Bostelmann, http://www.arts-history.mx/semanario/index.php?id_nota=06072006171655 Consultada el 18 de diciembre de 2011
[3] Reuter Walter, México es así en Hoy número 837, marzo 7 de 1953, pp. 82-92
[4] “History of Memories: Recent Photographs by Enrique Bostelmann”, http://www.absolutearts.com/artsnews/2003/11/03/31506.html Consultada el 18 de diciembre de 2011 (Traducido)
[5] Zavala y Alonso Manuel (ed.), Op. Cit.
[6] Zonazero.com, Op. Cit.
[7]  Aguilar García Juan Carlos, Escultor de imágenes; Enrique Bostelmann, 1/jul/2006, http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=248957 Consultada el 18 de diciembre de 2011
[8] Ruiz Elisa, Entrevista a Enrique Bostelmann, http://zonezero.com/magazine/obituaries/bostelman/bostelmansp.html Consultada el 18 de diciembre de 2011
[9] Ídem
[10] Vázquez Leonardo, Bostelmann o la fotografía como crítica y alabanza del mundo, 21/May/2010, http://leonardovazquez.com.mx/blog/?p=665 Consultada el 18 de diciembre de 2011

Bibliografía

  • Adams Hans-Christian (ed.), Eugène Atget Paris, Tachen, 2008
  • Debroise Olivier, Fuga mexicana: un recorrido por la fotografía en México, Ed. Gustavo Gili 2005, p. 19
  • Frank Robert, Los americanos, La Fábrica, Madrid 2008
  • Treviño Estela (ed.), 160 años de fotografía en MéxicoCENART/Centro de la Imagen/Grupo Océano, México 2004, p. 661
  • Sougez Marie-Loup, Diccionario de historia de la fotografía, Ediciones Cátedra, Madrid 2003, p. 73

Hemerografía

  • Reuter Walter, México es así en Hoy número 837, marzo 7 de 1953

Fuentes de Internet

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