Sobre la intención del fotógrafo

¿Cuál es el papel de la intención cuando hacemos una fotografía? ¿Qué se gana o pierde sin la intención del artista?


Por Óscar Colorado Nates*

A veces como fotógrafos podemos adoptar posturas rotundas cuando defendemos categóricamente la intención que tuvimos al realizar una fotografía. Estas posiciones extremas constituyen aquello que los filósofos llaman, muy elegantemente, “maniqueísmo”, es decir, ver las cosas en términos extremos de blanco o negro sin admitir ningún punto intermedio.

Desgraciadamente el maniqueísmo es primo hermano de otro vicio filosófico: el reduccionismo. Y todo reduccionismo es limitante porque despoja de matices y riqueza a fenómenos increíblemente complejos. Los estereotipos son reducciones de la variedad humana: No todos los abogados son unos bandidos ni todas las mujeres guapas son tontas. Los estereotipos son una forma de reduccionismo.

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Algunos artistas cuestionan si el perder la noción de la intención hace que se diluya el valor de la pieza fotográfica y más de uno puede verse tentado a contestar: “Sí, categóricamente.” Ese “categóricamente” puede oler, fuertemente, a maniqueísmo.

Sin la información respecto de la intención del autor podría creerse que se es incapaz de interpretar una fotografía. Sin embargo esto no es del todo preciso: Pensemos por un momento en Leonardo Da Vinci y esos cinco años que se tardó pintando Il Cenacolo en el refectorio de Santa María de la Gracia en Milán. ¿Qué pasaría si su intención era únicamente comer con el sueldo que le pagaba Ludovico Sforza y por eso tardaba tanto en terminarla?

Leonardo Da Vinci. Il Cenacolo.
Leonardo Da Vinci. Il Cenacolo. (Refectorio de Santa María delle Grazie, Milán. 1494-1498)

Tal vez su intención era únicamente que quedara razonablemente bien para que le dieran otro encargo. O quizá su intención era la de crear la pintura más sublimes sobre un momento crucial en la vida de Jesucristo. Pero, ¿Y si su intención era, simplemente, llevarse un bocado a la boca? ¿Acaso el desconocer la intención devalúa a La Última Cena

Por desgracia es materialmente imposible conocer todos los matices de la intención de un autor.

Intención e interpretación: La Novena Sinfonía

Pongamos por ejemplo la música. Hay una aplicación de iPad muy interesante en la que puedes escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven en cuatro versiones distintas.  Una es tocada con instrumentos de época y se supone que es lo más parecido a lo que Beethoven tenía como intención al componerla.  Cuando uno escucha esta versión suena rarísima: demasiado rápida, el timbre de los instrumentos cambia…

Herbert von Karajan en 1976. Foto © Bettmann/Corbis
Herbert von Karajan en 1976. Foto © Bettmann/Corbis

Pero cuando uno pasa a una interpretación de Leonard Bernstein o de Herbert von Karajan la cosa cambia poderosamente y la Novena se oye mucho mejor. ¿O es que acaso siempre hemos aprendido a escucharla mal? ¿Cada vez que alguien compra la versión de Karajan a la Deutsche Grammophon el Gigante de Bonn se revuelve en su tumba? ¡Pobre Beethoven entonces, se la debe pasar fatal!

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Una de las muchas formas de riqueza en el arte se encuentran en la diversidad, la pluralidad, la polisemia (la variedad de sentidos).

Cuando escuchamos una versión de Bernstein de la Novena, estamos ante un diálogo: el discurso de Beethoven (lo que él  puso en la partitura) pero también la respuesta de Bernstein, su interpretación personal.

Ludwig van Beethoven
Ludwig van Beethoven

Entonces ya no tenemos solamente una obra de arte, sino dos: la de Beethoven y la de Bernstein. Y ese diálogo enriquece al arte, al mundo y nuestra experiencia de vida. ¿Qué es mejor? ¿Tener únicamente la intención de Beethoven? ¿O la del autor, un director y cada uno de los músicos en una orquesta? Sin duda el conjunto tiene su propio encanto y, claro está, riqueza. 

¿Y si el artista no sabe cifrar adecuadamente su mensaje?

Y luego viene otro dilema ¿Y si el artista no sabe o no es capaz de cifrar adecuadamente su mensaje para expresar lo que él originalmente deseaba? ¿Y qué pasa si ni siquiera él mismo se entendía?

Hace años le planteaba a un pariente, experto en música, que una computadora sería perfecta para tocar solamente lo que intentaba el compositor pero la respuesta fue directa: “No, estás equivocado: El compositor no siempre es capaz de escribir todo lo que quiere o siente. El intérprete tiene un papel fundamental.”

Cuando se defiende a ultranza la intención del autor se cae en aquello que Terry Barret denomina intencionalismo.  Es decir, el vicio de asignarle un desmedido valor a la intención del autor.

Eugène Atget hacía registros visuales que servían a otros artistas como referencias.
Eugène Atget hacía registros visuales que servían a otros artistas como referencias.

En otro artículo explicaba que Eugène Atget hacía fotos como referencia para que otros artistas tomaran ejemplos visuales. Así, construyó un enorme catálogo del París antiguo, del arte y las modas de su tiempo, etc. Él mismo no se consideraba artista. De hecho sus tarjetas de visita decían “documentador para artistas”.

Sin embargo Berenice Abbott (entonces asistente de Man Ray) conoció la obra de Atget y le pareció un trabajo artístico maravilloso.

Eugène Atget
Eugène Atget

Cuando Atget murió al poco tiempo, Abbott vendió todo lo que tenía e incluso convenció a Julien Levy, un importante galerista de Nueva York, para comprar todo el acervo del francés.

Berenice Abbot
Berenice Abbot

Luego John Szarkowski,  curador del Museum of Modern Art de Nueva York, organizó una gran exposición con las fotografías de Atget. De modo que los humildes documentos para artistas que hacía el francés fueron puestos en la catedral del arte moderno. ¿A los asistentes a esta exposición les afectó la verdadera intención original de Atget y la opinión (o propósito) que tenía de no hacer arte?

Si como fotógrafos nos aferramos, inflexibles, a nuestra intención artística sufriremos, y mucho, porque jamás lograremos tener el control absoluto sobre la recepción de nuestra obra simplemente porque no podemos mandar en la cultura, mente y prejuicios del observador.

Eugène Atget. Retrato por Berenice Abbott
Eugène Atget. Retrato por Berenice Abbott

Nosotros no determinamos el contexto socio-económico-cultural de quien lee nuestra obra. Podemos tratar de ejercer un control absoluto sobre el mensaje pero es, simplemente, imposible. Muchos artistas con tales pretensiones han terminado con úlcera.

Uno de ellos fue el fotógrafo surrealista estadounidense Clarence John Laughlin quien exigía, inexorable, que se incluyeran con sus fotos larguísimos textos y poemas que escribía donde explicaba a fondo sus intenciones.

Clarence John Laughlin
Clarence John Laughlin

Más de un museo se negó a presentar sus obras por no tener que publicar aquellos kilométricos textos.  Laughlin  era un estupendo fotógrafo, pero no todos los que apreciaban sus fotografías hacían lo mismo con sus dotes literarias.

La obsesión de Clarence John Laughlin por querer controlar su mensaje (comunicar su intención) le impidió llegar a más personas y ser un artista más reconocido.

Y es que la necesidad imperiosa de comunicar la intención procura, de modo inútil, reducir el mundo a un solo punto de vista que no admite otras posibilidades.

Duchamp y las intenciones: del monólogo al diálogo

Marcel Duchamp con su célebre readymade titulado “Fontaine” de 1917, inició un momento crucial en la historia del arte cuando dejó claro que el artista es el primero quien ha de decidir (y decir) qué es arte. Cuando cogió aquel mingitorio y lo mandó a la exposición organizada por la Society of Independent Artists, Duchamp subrayó con este hecho artístico que existe una idea, un concepto, un discurso detrás de la obra. Sin embargo vale la pena recordar que la intención artística puede verse constreñida a emitir un mero monólogo, cuando existe una posibilidad aún más rica: la del diálogo. En otras palabras, uno propone y el observador dispone. Cuando se tiene un discurso abierto, se reconoce y abraza (en el sentido anglosajón del embrace) la otredad, la opinión ajena. Entonces la obra artística se convierte en un camino de dos vías que se traduce en una propuesta que admite muchas formas de respuesta.

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El “ready made” de Marcel Duchamp que cambió el arte para siempre.

La inteligencia no solamente es lógica, es dialógica. Cuando se dialoga, cuando se escucha a los demás, uno acaba comprendiendo y comprendiéndose aún mejor. 

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Cada quien escucha lo que quiere… O lo que puede

Siendo estudiante de posgrado en Comunicación, un profesor nos puso una grabación: era una voz totalmente neutra que decía algo así como “Mi pueblito es muy lindo, hay vacas y corderitos…”

Los 30 que estábamos en el grupo escuchamos el mismo texto, leído sin ningún tipo de inflexión, con un acento intencionalmente neutro.

Mosies Saman. GUINEA. Abril 18, 2013. Ganado en un campo cerca del poblado de Kankan, en Guinea Sudoriental.
Mosies Saman. GUINEA. Abril 18, 2013. Ganado en un campo cerca del poblado de Kankan, en Guinea Sudoriental.

El lector no imagina la sorpresa que tuve cuando el profesor nos  preguntó qué nos había comunicado el mensaje: Uno respondió que era absolutamente deprimente y que los pueblos eran horrorosos. Otra se puso a llorar porque le recordaba a su abuelo. Uno de la ciudad dijo que no entendía nada y que el texto era soberanamente aburrido.

Cada quien escuchó lo que quiso escuchar, o lo que pudo escuchar, o lo que sus contextos sociales, culturales e intelectuales  le permitieron escuchar.

Debate

Si eso ocurrió con una pieza tan elemental de comunicación ¿Qué no pasará con un medio tan demencialmente complejo como la fotografía?

Como dice Gerry Badger en su libro La Genialidad de la Fotografía, la objetividad de la foto es una ilusión, porque aún cuando el fotógrafo lograra ser totalmente objetivo (lo cual de suyo es imposible) cada persona que observa la imagen es subjetiva, variable, de una cultura, origen y contexto diverso.

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Por supuesto hay códigos comunes pero pensemos en muchos de los autores de fotografía contemporánea, por ejemplo Nikki S. Lee: sin las referencias culturales adecuadas es un trabajo tan difícil de descifrar que el observador casual lo desestimará ipso facto.

Nikki S. Lee
Nikki S. Lee

Ahora bien, tomemos el ejemplo de Cindy Sherman:  Aún teniendo las “llaves” del significado, cuando una pieza es del calado y complejidad como su serie Untitled Film Stills, las posibilidades interpretativas son inimaginables. ¿Qué es mejor? ¿Que Sherman nos entregue sus Untitled  Film Stills con un manual de instrucciones o que cada uno de nosotros, desde su subjetividad pueda ir descubriendo significados y sentidos?

Cindy Sherman
Cindy Sherman. Untitled Film Stills. 1977

Si una foto está en un museo y la ven cinco mil personas, habrán cinco mil posibilidades de lectura. Habrán, evidentemente, muchos códigos culturales, espacio-temporales, etc. son compartidos y que harán que la gente tienda a ver ciertos significados comunes (de otro modo sería imposible comunicarnos en un mismo idioma). Pero ¿Qué pasa cuando alguien observe esa misma pieza en otro país, en otro contexto?

El Santo vs la Intención del Fotógrafo

Le confesaré al lector: Cuando niño me impactó la película Santo vs. las Mujeres Vampiro (Alfonso Corona Blake, 1962). Desde entonces y gracias a nuestro entorno cultural en mi país, la lucha libre, las máscaras y todo lo que rodea a la lucha libre mexicana tienen muchos sentidos para mí.

Fotografama de la película Santo vs. las Mujeres Vampiro
Fotografama de la película Santo vs. las Mujeres Vampiro (Alfonso Corona Blake, 1962)

Una vez, durante un curso en el International Center of Photography de Nueva York hice una foto en la que me ponía una tela y luego una máscara de Santo, el luchador profesional más importante en la historia mexicana. 

Óscar Colorado. Sin título. Cd. de México, agosto de 2014
Óscar Colorado Nates. Sin título. Cd. de México, agosto de 2014

Me sorprendió la respuesta de los asistentes al taller y de mi colega Karen Marshall: les gustaba la parte plástica (formal, compositiva) de la foto, pero nadie entendió quién era el Santo, qué significaba la máscara, ni qué importaba la lucha libre en México… La recepción de estas fotografías tendrá sentidos muy distintos en México, España, Argentina o Estados Unidos. 

Óscar Colorado. Arena México, mayo de 2015
Óscar Colorado Nates. Arena México, mayo de 2015

El otro día hice unas fotos en la Arena México invitado por Ulises Castellanos. Detrás de mí estaban unos estadounidenses.

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Lo que gritaban sonaba rarísimo, totalmente fuera de lugar porque se comportaba  como si estuvieran en una justa de wrestling americano y eso, simplemente, no es lucha libre. Al menos no como la entendemos en México. Esos mismos estadounidenses jamás entenderían las implicaciones de un clásico Barça vs. Real Madrid o una mexicanísimo América vs. Chivas.

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La vida artística es un crecimiento continuo. Decía Heráclito que uno nunca se baña dos veces en el mismo río: todo cambia. Nuestras intenciones de hoy, esas que a veces defendemos a capa y espada, pueden cambiar. Es más, seguramente cambiarán.

Hubo alguna vez en mi vida académica y artística en la también me intrigó el tema de la intención y llegué a pensar que donde hay intención hay arte. Esta afirmación podría ser considerada válida, pero hay tantas posibilidades sobre el tema que habría que matizar: el maniqueísmo aquí  no cabe.

Yo, personalmente, creo que cuando el fotógrafo muestra una fotografía, deja de ser suya. 

Hoy estoy convencido de que lo mejor del arte es dejarlo abierto a toda la abundancia, calado  y complejidad que pueda otorgarle el observador. Si nos empeñamos en que solamente nuestra intención valga, podemos caer en la neurosis por el control. Tal vez el aceptar la posibilidad de la opinión ajena (subjetiva, desinformada, silvestre si uno quiere) implica más riqueza que aferrarse a la propia visión del mundo. Decía Carlos Llano, filósofo y académico, que no debía verse el mundo “a través de una pajilla”. Cuando nos aferramos a nuestras intenciones, vemos el mundo por una pajilla, nuestra pajilla.

Óscar Colorado. Las intenciones. Julio de 2015
Óscar Colorado. Las intenciones. Julio de 2015

Con mucha frecuencia cuando necesito escoger sobre un diseño o una fotografía, le pido opinión a mis dos hijos pequeños y siempre me dan buenos consejos porque tienen una mirada distinta a la de los adultos. No digo que esa mirada infantil sea mejor, simplemente es distinta a la mía. Y esa diferencia abre posibilidades que yo no me hubiera planteado. Generalmente, el resultado resulta más interesante, más rico y más profundo de lo que yo solo hubiera podido lograr.

De modo que ¡Viva la libertad! Y si la gente no entiende nuestras intenciones, sigamos nuestro camino.


oscar_colorado_natesÓscar Colorado Nates es Profesor/Investigador titular de la Cátedra de Fotografía Avanzada en la Universidad Panamericana (Ciudad de México).

Es autor de los libros:

  • Ideas Decisivas: 800 reflexiones fotográficas (2a. Edición)
  • Fotografía 3.0 Y después de la Postfotografía ¿Qué?
  • Instagram, el ojo del mundo
  • Fotografía de documentalismo social
  • Fotografía Artística Contemporánea
  • El Mejor Fotógrafo del Mundo.

Columnista en El Universal (Cd. de México).
Editor y Director General de la revista fotográfica MIRADAS.

Co-fundador de la Sociedad Mexicana de Daguerrotipia y miembro de The Photographic Historical Society (Rochester, NY).

Las opiniones vertidas en los artículos son personales y no reflejan necesariamente las posturas de la Universidad Panamericana.


Información legal: Todas las fotografías se presentan sin fines de lucro y con propósitos de enseñanza e investigación científica bajo lo previsto en la legislación vigente por conducto de los tratados internacionales en materia de derechos de autor. Consulte en este enlace el aviso legal respecto del uso de imágenes fijas, video y audio en este sitio.

30 pensamientos en “Sobre la intención del fotógrafo”

  1. Estupendo artículo, Óscar. Me hace pensar que incluso la decisión de “no intencionalidad” de una obra decidida por su autor es de alguna manera intencional, aunque resulte paradójico. Interesante tema.

    1. El autor siempre tendrá una intención, es imposible pensar una fotografía “a-teleológica”, es decir, una fotografía realizada sin ningún objetivo. Lo que ocurre es que el autor no puede esperar que el observador siempre comprenda o comparta la intención de una obra de arte. Cada persona afecta la fotografía con su propia carga de subjetividad y eso enriquece el mundo de la imagen, de modo que como autores creo que tenemos la oportunidad de dialogar con quienes ven nuestras fotografías y nosotros, como observadores, tenemos un papel mucho más activo de lo que parece a simple vista. Muchas gracias por el comentario que es muy interesante y atinado. ¡Muchos saludos!

  2. Interesantísimos conceptos y opiniones que le describen al arte en toda su amplitud y magnitud: nos gusta o no nos gusta. Hay gente que no soporta escuchar a Bethoven de la misma manera que muchas fotos de Robert Frank a mi, y asumo la responsabilidad, me parecen insulsas.
    Es todo una cuestión de gustos, acervo e intereses culturales y visiones estéticas, como ya he expuesto con anterioridad.
    Valga también destacar que documentar una obra de arte de un artista, digamos una toma característica de Atget – que hoy se encuentra en reputados museos – actualmente se considera solo eso y no arte.
    En muchos foros de cierto renombre fotográfico una toma así hace explotar la pregunta: “¿Y tú qué has hecho para pensar que es arte cuando solo has digitalizado lo que otro creó?
    Ante este dilema, actualmente, siempre se espera una cota de creatividad de la parte del fotógrafo que personalice el documento visual del arte ajeno.
    Siempre un placer leerte, querido Óscar. No sólo por el conocimiento que compartes, también por el influjo de hormonas fotográficas que me provocas.
    Un abrazo fuerte,
    Luis

    1. Luis, muchas gracias como siempre por leerme y tus comentarios que siempre resultan enriquecedores aportes. Por supuesto que en este diálogo artístico el aspecto de la percepción estética importa. No olvidemos por ejemplo la recepción que recibieron las primeras exposiciones de William Eggleston. Hace algunos años (30, para ser exactos) tuve un maestro de Blues que me introducía a músicos que jamás había imaginado: “¿Conoces a Chick Corea?” Me decía. Yo contestaba estupefacto “No” y entonces él me tendía una casette Philips (de esos que ya nadie usa), llegaba a casa y aquella música me sonaba a lo más raro del mundo. Sin embargo poco a poco me fue llevando de la mano de guitarrisas como Larry Carlton o Wes Montgomery y poco a poco fui teniendo un una mayor educación musical. Confieso que a pesar de entenderlo un poco mejor, aún sigo sin apreciar demasiado a Chick Corea. Esto mismo ocurre en el arte plástico. A mí personalmente nunca me encantó Cezanne ni Gaugin, y sin embargo gracias a ellos pude entender mejor a Picasso. De modo que la subjetividad estética también tiene un componente de crecimiento personal y, al mismo tiempo, una carga de subjetividad que nos legitima a que ciertas cosas, por más que se les alabe, no nos gusten.
      De modo que en estas subjetividades estéticas, además de la propia educación, importa mucho en el fondo nuestro gusto personal.A veces, por mucho que un autor nos exponga sus intenciones, simplemente no acaba de gustarnos y ese es nuestro derecho como observadores.
      ¡Te envío un abrazo fuerte como siempre, muy estimado Luis!

      1. Que no me guste no implica que no aprecie e incluso explore o en casos estudie la obra de los artistas visuales “que me puedan – en ocasiones + / – parecer insulsos” jajaja.
        Esta dicotomía se explica por el hecho de que siempre me cuestiono y cuestiono; me interrogo con la idea de buscarle una solución a lo que no me gusta.
        Las torres eléctricas son un clásico “demonio” para los fotógrafos. A mí, se me metió en la cabeza hacer algo positivo en ese sentido. Me llevó algunas semanas; pero obtuve la sonrisa que buscaba.

        Pylon Final

  3. Estimado profesor Oscar: Muchas gracias por el constante material enviado, son de mucha utilidad en mi formación como fotógrafo. Atentamente, Javier Calvo

  4. Hola Oscar, como siempre sumamente interesante tu artículo. Al respecto de la intención diría que: existe, es de naturaleza muy diversa (quizás una para cada fotógrafo), es inmaterial como la inteligencia, el amor y otros procesos de la mente, y finalmente no cuenta en la apreciación del observador, a menos que el observador haya estudiado expresamente las motivaciones del fotógrafo o haya vista muchas obras del fotógrafo, porque al hacer esto puede deducir algo de la intención del fotógrafo. Entonces la intención del autor marca su obra pero no la interpretación del observado. Hace poco Pedro Meyer comentaba en el facebook respecto a la instalación de una exposición que está montando “Montar una exposicion, representa miles de decisiones chicas, medianas y grandes, mucho dinero, mucho tiempo de producción, y el riesgo es que alguien lo vea, y de un momento al otro, diga así nada mas: no me gusto. Y ya!” Pues si, ese riesgo (probabilidad) siempre existirá porque por mucha intención de Pedro, la interpretación del observador no se verá influida por la intención porque no la conoce. Y el juicio del observador será duro, inapelable y quizás injusto. Sin embargo mientras Pedro invierta mas intención en su trabajo (miles de decisiones, mucho dinero y mucho tiempo) haciéndola mas explícita, las probabilidades de que el expectador diga “no me gusto”, tenderán a cero. Gracias por compartir. Saludos.

    1. Muchas gracias mi muy estimado Rodolfo. Efectivamente, siempre hay esa carga de subjetividad y yo diría que aún ni con todo el cuidado, todo el tiempo ni todo el dinero puedes eliminar totalmente ese “a mí no me gustó” porque los seres humanos somos realidades increíblemente complejas.
      Por otro lado la educación del observador es crucial. Por ejemplo, todo el mundo en la crítica cinematográfica dirá maravillas de “El Ciudadano Kane”, pero si le preguntas hoy a cualquier observador casual las probabilidades de que le parezca soberanamente aburrida y hasta francamente mala son muy altas.
      En las intenciones no hay nunca nada escrito porque al tratarse de un fenómeno de comunicación, la interacción puede tener momentos de consonancia, probablemente los menos, y muchos de disonancia. Esa pluralidad es la que enriquece a la vida humana, no solamente a la fotografía. No se me ocurre nada más terrible que un régimen opresor que diga “te tiene que gustar la exposición organizada de Fulanito de Tal o te mandamos a un campo de concentración”. Sería muy triste que hubiera un “Ministerio de Vigilancia Sobre los Criterios a las Obras de Arte, especialmente sobre las exposiciones que organice Fulanito de Tal”.
      También habrán opiniones más informadas que otras. Sin embargo es muy común que esas fotografías que el fotógrafo desechó o que le parecieron claramente piezas menores se acaban convirtiendo en imágenes muy apreciadas por el público. Pensemos un poco otro caso, el la fotografía de Korda titulada “El Guerrillero Heroico”, que no fue publicada al día siguiente de ser tomada porque había material que en ese momento resultaba más interesante y la foto más icónica y reproducida del siglo XX fue desechada por un editor (aquí puedes leer la historia completa: http://wp.me/p1TILW-8bv).
      Entonces la intención de un autor no siempre coincide con la agenda del observador.
      En fin Rodolfo, que sobre las intenciones hay tanto de subjetividad y de pluralidad que, aunque hagamos el mejor esfuerzo, siempre podrá haber ese “no me gustó”.
      Tenemos pendiente un café y ojalá que puedas acompañarnos en Noviembre a la fotoWIK2015 en la UP. ¡Un abrazo fuerte, mientras tanto!

  5. Uno ve un objeto, y se ES. Uno dispara una cámara, y logro un Soy. Imprimo y expongo,.. bueno :”SE ES O NO SE ES” que lo diga el que MIRA.mi fotografía.

  6. Muy interesante artículo.

    Ese maniqueísmo al que te refieres, opinó que no es que nazca en el mundo artístico es intrínseco a la sociedad en la que vivimos. Nos quieren programar para opinar con 0 o 1. Si eres del R.Madrid eres anti Barcelona, por ejemplo.

    Todos esos matices son la vida misma y es en la educación de las nuevas generaciones donde tenemos que hacer más hincapié.

    Opino,…..

    Enhorabuena por tu post y por tu blog! Tienes un nuevo seguidor aquí en. Málaga (España)

  7. Toc toc… saludos Óscar… Creo que la intención del autor de una obra de arte (pintura, fotografía, escultura, música, etc.) va acompañada tambien para que sea observada, valorada y le deje algo al observador. De hecho, creo que cuando observamos una imagen, en ese momento nos estamos convirtiendo en autores de otra imagen que se crea en nuestra mente; esa imagen repleta de toda nuestra cultura visual, experiencias de vida y estado de ánimo por decir menos (incluye mil cosas mas).

    Esa nueva imagen que es motivida por la intención del autor de la obra y creada por nosotros mismos tiene su propia intención y misión.

    Un abrazo y gracias por tu “intención” de compartir; lo cual se aplica a lo anteriormente dicho.

  8. Ya habías leído este artículo pero ahora lo entiendo de diferente perspectiva. Lo que para mi en este momento es crucial es seguir dando clicks y no limitarme por si es estéticamente válido o no, o si es de interés popular o no. Simplemente me estoy dejando llevar por mi intuición creativa. Y lo demas es ganancia.
    gracias por dar las herramientas creativas que han usado los grandes de la fotografia.

    1. Hola Edgar, efectivamente, lo importante es tener la cámara en la mano y hacer fotos de lo que te interesa. Si es válido o no, bien construido o no realmente no importa porque seguramente eso ya te lo has preguntado antes, y aún si tus fotos pudieran mejorar en esos aspectos es más fácil aprender técnica fotográfica que aprender qué te apasiona, qué te interesa. Yvonne Venegas, una buena amiga fotógrafa me dijo una vez: “Deja la cabeza para tus artículos, y el corazón para tus fotos.” Y tenía razón.
      ¡Un abrazo fuerte!

  9. Excelente articulo como siempre, claro y conciso. Hacia un tiempo no disponía de un rato para disfrutar de tus artículos. Me hizo acordar a un pasaje del libro de Soulages cuando habla del Arte-Sin arte y la intervención del espectador como modificador de esa instancia. Un abrazo desde Argentina!

  10. Soy su nueva alumna Oscar, quiero agradecerle por tan enriquecedora información. Me parece muy acertada la manera de explicar que tiene. Gracias por compartir generosamente tanto Conocimiento. Le saludo desde Paris. Dayana.

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