Robert Frank vs. Los Americanos

Por Óscar Colorado Nates * [1]

Alberto González Nava llegó corriendo al Museo Nacional de Arte Postmoderno (MUNACAPO). Se le había hecho tarde: el tráfico a esa hora era verdaderamente demencial. Se había citado con David Beristáin, su profesor de Fotografía Avanzada de la Universidad Interamericana.

Domingo. Óscar Colorado. 2012

 

Alberto (Beto para la familia y “el Chaggy” para sus compañeros en la secundaria) caminó presuroso al vestíbulo del museo. En la taquilla mostró su credencial de estudiante y le dejaron entrar gratis.

Como no veía por ningún lado a su maestro decidió entrar a la exposición

Rodeo, Nueva York. Robert Frank.

Pensó que realmente había sido muy amable su profesor por acompañarle a ver esa exposición. “Si quieres hacer fotografía en serio, necesitas conocer a Robert Frank.” Le había dicho una vez. Un buen día el docente le entregó un díptico informativo: “Están exhibiendo La América Callada de Robert Frank. ¿Te gustaría ir?”

Beto era uno de los mejores alumnos de fotografía en la Escuela de Comunicación de la Interamericana. Ya había tomado algunos cursos en la Escuela Práctica de Fotografía y sabía, o al menos intuía, que tenía mucho talento. La relación con su profesor era extraña porque cada vez que se veían, Beristáin criticaba con dureza las fotografías de su pupilo: “¿Y el centro de interés? Esta fotografía está subexpuesta. Las espaldas no dicen nada. Esta foto tiene mucho ruido. Te salió vibrada. Es necesario poner más atención a los aspectos formales. Pues no está mal, pero eso ya lo hizoGarry Winogrand en los sesenta ¿Qué vas a proponer tú?” De modo que cada vez que salía de la oficina de su mentor, sentía que se había enfrentado a Mike Tyson ¡Y sin anestesia! Y sin embargo el profesor le seguía guiando con una paciencia suficiente para ponerle en los altares.

Beto comenzó a explorar la exposición. Decidió saltarse el texto aquel del principio. “Está de flojera” pensó.

Funeral, Santa Helena, Carolina del Sur. Robert Frank.

Errabundo, recorrió la exhibición. Vio una fotografía de unos afroamericanos muy trajeados como esperando algo. A la derecha había otra imagen con un hombre joven vestido de vaquero que encendía un cigarro.

Butte, Montana. Robert Frank.

Luego observó a una familia en coche. La muestra le pareció francamente extraña, las fotografías realmente no le parecían interesantes. Los temas eran tan simples que él mismo podría hacerlo.

Se detuvo ante una fotografía donde lucían unos balcones con una bandera de los Estados Unidos. Permaneció un buen rato observando la estampa porque así sentía que lucía como todo un conocedor, aunque no entendiera nada de lo que tenía enfrente.

Desfile.  Hoboken, Nueva Jersey. Robert Frank.

Puso cara de interesante, se cruzó de brazos. Mientras su mirada se quedaba perdida en la fotografía sin enfocar nada, pensó que con un poco de suerte y alguna chamacona pseudointelectual se le acercaría diciéndole sobre la foto: “¿A poco no es increíble?” a lo que Beto respondería con media ceja alzada “Psssseee, te diré, creo que esta foto era de una etapa muy temprana, le faltaba madurez en el manejo de la plástica fotográfica ¿Cómo dijiste que te llamabas?”

-Hola Beto. Perdón por la tardanza, pero el tráfico estaba infernal.

Beto descendió de la nube y saludó a su maestro.

-¡Hola profe! Acabo de llegar. El tráfico estaba del asco.

-Ya viendo la exposición ¿No? ¡Qué bueno! No quise interrumpirte porque parecías muy interesado en esta foto. ¿A poco no es increíble?

Alberto se sintió avergonzado porque a pesar de haber estado frente a la fotografía durante un buen rato, no había ocurrido nada extraño. No había llegado un ángel para iluminarle y decirle qué había de interesante en fotografía.  Se había quedado frente a esa fotografía que no parecía tener nada de especial. Simplemente era un edificio de ladrillos comunes y corrientes, con dos personas en dos balcones, a una de ellas le tapaba la cara una bandera de Estados Unidos.

-Pueeeees… –Balbuceó Beto.

-¿Qué es lo que te llama más la atención de esta fotografía?

Alberto se sintió en un auténtico aprieto. Realmente no le llamaba nada la atención, y seguía sin entender qué tenía de importante Robert Frank o sus fotografías. Observó la imagen nuevamente, pero no le decía nada. Entrecerró los ojos pero ni eso pareció funcionar. Solamente veía unos balcones y una bandera. Se suponía que Robert Frank era un fotógrafo importantísimo, pero ¿por qué?

-La bandera está… …con mucho movimiento ¿No?

El profesor sonrió condescendiente.

-Pues sí, efectivamente. ¿Y qué más?

Se hizo uno de esos silencios horribles: Beto no tenía ni la más remota idea de qué decir y ahí estaba su profesor esperando una respuesta.

Después de un largo silencio David Beristáin le dijo:

Hoja de contactos. Robert Frank

-No te preocupes Beto. Lo que te está pasando a ti también le ocurrió a la gente que vio por primera vez estas fotografías. No supieron qué decir. Muchos no entendieron nada, otros se ofendieron terriblemente. Más de uno se sintió deprimido y hasta ultrajado. Cuando Frank le mostró estas fotografías a los editores neoyorkinos le dieron la espalda. Y aquí me tienes diciéndote que estas fotografías de Robert Frank son un parteaguas, lo más importante que se hizo en la segunda mitad del siglo XX en materia de fotografía documental.

-Profe, -dijo Beto avergonzado- es que, la verdad, no sé qué ver ni por qué son tan famosas estas fotos. Digo, la verdad se ven muy bien en blanco y negro, pero, pues no sé qué más. Honestamente, yo no veo nada que me llame la atención.

-Mira, vamos a caminar. Seguramente te saltaste la cédula de información general ¿verdad?

Beto volvió a sentirse abochornado y comenzó a arrepentirse de haber ido.

-Pues la verdad…

-No te preocupes. Todo el mundo se la salta por aburrida. Pero ven, necesitamos leerla. No puedes ver una exposición sin enterarte de su propósito, de quién se está exponiendo y toda la información que nos dará un contexto para comprender mejor la exhibición.

Caminaron hacia el muro lleno de texto y leyeron en silencio.

La América Callada. 

Era 1949, cuando el fotógrafo suizo Robert Frank (Zúrich, 1924) llegó a Times Square y descubrió una nueva modernidad y su falso auge.

Este tipo con camisa de felpa a cuadros y unos rollos de película en el bolsillo se lanzó a descubrir todo lo que escondía aquel escenario de grandeza y consumo que palpita en el centro de Manhattan.

Emprendió un éxodo por 46 estados norteamericanos con el propósito de armar una de las aventuras fotográficas más apasionantes de la segunda mitad del siglo XX.

Aquel viaje estaba impulsado por una poética de tristezas. Era el descubrimiento de una América que, de algún modo, se sentía estafada y sonaba, como apuntó Kerouac, a música zarandeada en la ‘jukebox’. El espíritu ‘beatnik’ tomó entonces forma, reflejo.

Farmacia. Detroit. Robert Frank

De este material desconcertado salió un libro necesario, esencial: ‘Los americanos’, recuperando así el paisaje moral de un tiempo concreto, aquellos últimos años 50.

Las fotografías de Robert Frank contradijeron la idea del paraíso americano, esa arrogancia poderosa que vendía eslóganes al mundo. Sus fotografías son el testimonio visual de unas gentes peleando por existir, un cruce de edades, sexos y razas asumidos en unos instantes decisivos.

En ese laberinto de carne y cieno, Robert Frank retrató el ‘backstage’ de esa otra parte de la sociedad fecundada por la tristeza, las desigualdades, el racismo y el perfume agrio de la desesperación, también estableció un nuevo código en la mirada. 

En estas imágenes hay música, hay llanto, huele la lluvia, el sudor, la extrañeza, la calle, el frío. Tienen algo de adagio sideral concebido con una libertad infinita a pie de campo. Y es que Robert Frank abrió la fotografía a una estética nueva, le arrebató el corsé, la deconstruyó.

De esa descoyuntura nace este reportaje en carne viva que no hurga más que en la vida, sin otro argumento que dejar el ojo suelto por las calles y componer un puzzle que adquiere sentido por sí solo para hablar de los otros. ” [1]

Cuando terminaron de leer, Beto seguía sintiéndose un poco desconcertado. Además no entendió algunas palabras. ¿No se suponía que aquello estaba escrito en español?

Mitin, Chicago. Robert Frank

-Ahora que tenemos algo más de contexto vamos a recorrer la exposición. Antes de ver las fotos déjame contarte algunas cosas que no aparecen en la cédula: El primer asunto importante es que Robert Frank obtuvo una de las prestigiadas becas Guggenheim: Explicó su deseo de retratar Estados Unidos y su gente. El proyecto le sonó muy bien a los de la Fundación Solomon R. Guggenheim, de modo que le entregaron el dinero para un proyecto que duraría dos años. Además estaba avalado nada menos que por el mítico Walker Evans, primer fotógrafo en tener un exposición en solitario en el Museum of Modern Art.   Frank se compró un coche usado, subió a su familia con él y comenzaron una travesía que le llevaría desde Nueva York hasta Florida, luego recorrería el sur de Estados Unidos hasta llegar a Los Ángeles, subiría hacia Reno, Salt Lake City y llegaría hasta Chicago para retornar a su punto de origen. Durante el trayecto hizo más de 27,000 fotografías ¡27 mil fotos, mi chavo!

ruta_robert_frank

Mientras hablaba el profesor, caminaban tranquilamente sin detenerse en ninguna fotografía en particular.

– En la Guggenheim nadie imaginó lo que era capaz de hacer aquel joven de acento extraño y que se había dedicado a fotografiar vaquitas, montañitas y paisajes “de postal” en Suiza. Nadie pensó que aquel extranjero observaría a Estados Unidos con ojos inquisidores. Claro, muy pocos sabían que Frank había viajado extensamente y que en Perú y Bolivia había madurado su estilo solitario y fluido de hacer fotografías.

Mientras en Estados Unidos se jactaban (y aún hoy en día se jactan) del American Dream y su American Way of Life, Frank observaba un desmedido acento sobre el dinero. Y, al mismo tiempo, también veía gente triste, sola, luchando día a día por un sueño que nunca llegaba. También se encontró con un país de profundas injusticias donde segregaban a blancos y negros. Se suponía que habían abolido la esclavitud, pero las mujeres blancas del sur trataban a sus criados como objetos. Hoy el discurso es muy distinto después del Dr. Martin Luther King Jr. Pero a mediados de los cincuenta los autobuses estaban divididos en áreas para blancos y negros. Robert Frank, ese extranjero engreído no solamente se atrevía a examinar con su mirada el American Way of Life sino que el muy sacrílego se atrevía a cuestionar todo lo que veneraban los herederos de Jackson, Grant, Franklin y Washington (billetes todos ellos, por cierto).

El profesor se detuvo justo en medio de aquel salón circular.

-Mira a tu alrededor Beto, observa esas fotografías en blanco y negro. Si las ves en conjunto son un paisaje desolador, triste, hasta monótono. Son las rutas americanas, carreteras donde aparecen cafecitos, bares, sinfonolas, desfiles. Observa las fotografías y no encontrarás el american dream por ningún lado, ni gente sonriendo disfrutando de una supuesta prosperidad económica. El dinero, en el que los estadounidenses han cifrado toda su esperanza, los ha dejado vacíos. Mira, vamos a acercarnos a la fotografía que estabas viendo al principio y que te había dejado con cara de “what?

Regresaron a la imagen de los balcones y la bandera.

-Mira Beto, ¿puedes verle la cara a la persona de la derecha?

-No.

-¿Por qué?

-Porque se la está tapando la bandera.

-¡Exacto! Aquí nos enfrentamos a un montón de preguntas: ¿Acaso los americanos están subyugando su individualidad a cambio de una radiante cara colectiva que se sintetiza en la bandera y todo lo que significa? ¿Esta foto expresa que en Estados Unidos es cada vez más importante el concepto de nación-estado que el valor individual de cada persona? ¿No es esa persona de la derecha ahora un mero personajes despersonalizado detrás de un bonito símbolo que lo cubre o incluso los sustituye? Y lo peor y más irónico, si estamos hablando de la tierra de la libertad: ¿No es exactamente lo mismo que ha ocurrido históricamente en los regímenes totalitarios, que van de los nazis al comunismo y todo lo que hay en medio? ¿No es esta fotografía un símbolo exactamente contrario a lo que los propios americanos querrían ver de sí mismos?

De pronto Beto se quedó pasmado. Esa fotografía que apenas hacía uno minutos no parecía decirle nada ahora le gritaba de dominación, autoritarismo, anonimato y manipulación.

-Pero ojo Beto, esas preguntas que te hice (o que mejor dicho nos hace Robert Frank) no son las únicas posibles, de hecho hay muchas más y cada persona formulará nuevos cuestionamientos al observar estas mismas fotografías que parecen un eterno presente, que nunca pasa de moda. Albert Einstein dijo una vez que detestaba las computadoras porque solamente sabían dar respuestas pero no sabían hacer preguntas. Esto también es aplicable a la fotografía: su tarea tal vez no sea dar respuestas, sino formular buenas preguntas.

El profesor caminó hacia otra fotografía y se detuvo frente a ella.

Estreno cinematográfico. Hollywood. Robert Frank

-Vamos a ver esta imagen. No te compliques con los significados sociales, ni los mensajes subyacentes. Hagamos una lectura objetiva, como la que aprendimos en el primer semestre. ¿Qué ves? ¿Qué tienes ahí frente a ti?

-Un grupo de personas en el fondo y una muchacha al frente.

-¿Sabes quién es la muchacha?

-Pues no, pero es raro que las personas estén vestidas muy normales y ella tenga un vestido muy elegante y con joyas. Parece un vestido de noche.

-¿Hay algo que te moleste de la fotografía? Me refiero a lo técnico.

-Pues… sí. No sé por qué, pero la verdad lo que más me choca es que la muchacha está desenfocada, el fondo sí está enfocado. Me molesta porque lo que está en primer término -¿ya ve cómo sí pongo atención en clase?- está borroso y en cambio el segundo término, la gente está bien enfocada. Siento como que el fotógrafo se equivocó. Debió enfocar el centro de interés, la muchacha.

-Pues mira, tienes buen ojo porque efectivamente, lo que importa de esta fotografía es la elección del enfoque que hizo Frank. Y no solamente te molestó a ti. Cuando estas fotografías se publicaron finalmente la crítica se le echó encima y una de las cosas que le reprobaban era su descuido y los supuestos errores que había en las decisiones técnicas. Uno de los reproches se centraba en el foco de las fotos. Ahora bien, vamos a ver la foto con un poco más de detalle. ¿Qué significa esto?

-Que no sabe enfocar.

-¡No! Te pregunto ¿Qué significa el hecho de tener en primer término a una actriz muy guapetona desenfocada y a una multitud que la admira en segundo término perfectamente enfocada? ¿Qué está diciendo Robert Frank? ¿En qué sentido está usando un procedimiento técnico para apoyar lo que él quiere decir sobre la escena? ¿No será que le está dando más importancia a las personas comunes y corrientes que a la actriz? ¿No es la actriz una especie del símbolo de la América de glamour y belleza que todos los americanos convienen en ver de su propio país? ¿No está Frank diciendo “el sistema de estrellas es una farsa, un sueño, lo único real es la gente verdadera, común y corriente, que sostiene a la estrella”? Dime, ¿Acaso Robert Frank no está cuestionando todo ese halo de fama restándole importancia y dándole su verdadero rostro, el de un sueño? Realmente la chica no está borrosa, lo que realmente difuso es la ilusión de la fama, la belleza, la juventud, el dinero, el poder. Eso es algo difuso y desenfocado, lo único real y nítido es la gente común y corriente con sus angustias, miedos, soledades, desencantos…

-Oiga profe entonces no es un error, es una intención.

-Exactamente, mi pequeño saltamontes: Frank está utilizando una técnica fotográfica como un recurso retórico y usa el lenguaje de la imagen para expresar lo que piensa sobre el tema.

De nuevo Beto se sintió asombrado. Cada vez entendía con mayor claridad lo que decía su profesor. Las fotografías parecían tener nuevos significados. Cada imagen estaba llena de preguntas y a la vez resultaban extrañamente hermosas ¿Cómo no lo había visto antes?

Bar. Las Vegas, Nevada. Robert Frank

-Ven, veamos ahora esta foto. Fíjate en esta escena, está oscura, es un bar y podemos ver una sinfonola a la derecha. Frente a ella un jovenazo de camisa llamativa que está a punto de escoger una canción. No es un lugar lindo. Esta es otra fotografía que seguramente molestó mucho a los críticos. A la izquierda apenas se pueden adivinar los bancos de una mesa o la barra. Al fondo una puerta que insinúa las entradas de cantina en el viejo oeste en espera de que algún matón aparezca. La luz es muy pobre y la fotografía muy contrastada. Observa el grano de la película. Todos son elementos que le criticaron mucho a Robert Frank: cortes raros en el encuadre (fíjate en los pies del muchacho), muy poca iluminación, una imagen muy empastada. Parece una fotografía plagada de problemas formales, de errores técnicos; podría pensarse incluso en una imagen descuidada. Sin embargo con estas fotos Frank estaba instituyendo toda una estética donde prevalece la expresión. Son imágenes con una cierta grasa, y eso le disgusta mucho a los americanos. Todo contribuye a una nueva forma de ver y expresar fotográficamente de una manera que nunca antes había visto y que todavía hoy, después de sesenta años, sigue siendo insólitamente seductora.

El profesor caminó hacia una banquita y se sentó.

-Descansemos un poquito. Tú estás joven pero a mí ya me empiezan a rechinar las bisagras. Mira Beto, fíjate bien: Cuando Robert Frank mostró estas fotografías, la gente se horrorizó. Nosotros no podemos entender muy bien el shock que causaron en su momento porque ni somos americanos ni vivimos en los cincuentas. Pero lo que estaba haciendo Frank era mostrar una América que los estadounidenses se negaban a ver. Es como ir a la casa de un amigo a una fiesta y mostrarle fotos de sus ropa sucia. Sería una descortesía tremenda ¿no?

-Pero es que Frank era suizo, veía las cosas diferentes…

-¡Claro que sí! Su nacionalidad hacía una diferencia. Era un extranjero asomándose a una cultura extraña. Es muy fácil deslumbrarse con los rascacielos, el dinero, los malls y el shopping en Estados Unidos. Sin embargo Robert Frank fue mucho más que un ingenuo suizo frente a la cultura estadounidense. Tuvo el gran mérito de observar con más profundidad, y peor aún, de hacer fotografías que mostraban su propia visión y opinión sobre Estados Unidos. Realmente no estamos frente a una exposición de fotografías, lo que vemos aquí expuesta es la mirada de Robert Frank: Su manera particular y peculiar de mirar.

-Oiga profesor, pero si fue tan criticada esta obra ¿cómo fue que se conoció finalmente?

“The Americans” de Robert Frank, prologado por Jack Kerouac.

-Frank viajó a Francia y ahí un editor llamado Robert Delpire publicó la obra con el título Les Américains. Luego Frank conoció a un intelectual muy importante del movimiento beat llamado Jack Kerouac quien tenía mucho “jalón” entre los intelectuales en Estados Unidos. El fotógrafo le enseñó sus fotos a Kerouac y el escritor quedó tan impresionado que decidió prologar la edición estadounidense que se titularía The Americans. Al principio la obra no tuvo éxito y la famosa revista Popular Photography hizo pedazos las fotografías. Pero como Kerouac era un tipo bastante importante y respetado, atrajo la atención de muchos artistas. Y entonces se revalorizó el trabajo de Robert Frank. Uno de los grandes méritos del suizo fue que atrajo a los artistas a la fotografía, cosa inusitada porque este gremio siempre le había hecho el “fuchi” a la foto. Nadie había logrado eso, al menos no como lo hizo Robert Frank.

-Caray profe, entonces la obra de Frank es súper importante ¿No?

-Y aún no te he dicho todo, ¡Hay tanto por descubrir en Los americanos! Robert Frank cambió para siempre la fotografía documental, abrió un nuevo camino hacia la lectura sociológica de la foto y comenzó un nuevo capítulo en…

Beto siguió escuchando, atentamente, a su profesor. Cuando se levantaron de la banquita y reanudaron su recorrido, las fotografías parecían hablarle al estudiante universitario de una manera que jamás pudo haber imaginado. Nunca antes había visto algo así. Nunca antes había visto de esa forma: a la manera de Robert Frank y sus americanos.

coleccion

 © 2012, 2013, 2014, 2016 by Óscar Colorado Nates. Todos los derechos reservados. 

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Óscar Colorado Nates es Profesor/Investigador titular de la Cátedra “Fotografía Avanzada” en la Universidad Panamericana (Ciudad de México) donde encabeza la Academia Audiovisual. Es director general de la Agencia de Imagen FotoUP, integrante de MediosUP.

Las opiniones vertidas en los artículos son personales y no reflejan necesariamente las opiniones y/o posturas de la Universidad Panamericana.

[ 1 ] “Robert Frank vs. Los Americanos” fue publicado originalmente en Colorado, Óscar (coord. y textos)  Los mexicanos: Un homenaje a la mirada de Robert Frank, Edit. Universidad Panamericana, México, 2012, pp. 33-47.

[2] Con adaptaciones del texto “La América callada de Robert Frank” de Antonio Lucas (18 de mayo de 2008). Periódico El Mundo. http://www.elmundo.es/elmundo/2008/05/18/cultura/1211072717.html Consultada el 13 de febrero de 2012.

 

Información legal: Todas las fotografías se presentan sin fines de lucro y con propósitos de enseñanza e investigación científica bajo lo previsto en la legislación vigente por conducto de los tratados internacionales en materia de derechos de autor. Consulte en este enlace la información legal respecto del uso de imágenes fijas, video y audio en este sitio.


14 pensamientos en “Robert Frank vs. Los Americanos”

  1. Soy artista y docente de Historia de la fotografía en Argentina. Sus textos, las galerías, el blog en general me resulta muy nutritivo, útil e interesante. Muchas Gracias!

    1. José, muchas gracias por el comentario, en verdad te lo agradezco. Este texto lo vemos cada semestre en clase para comprender mejor a Robert Frank y me da mucho gusto compartirlo en este espacio. ¡Un abrazo muy fuerte!

  2. Gran artículo para comprender la importancia de Frank. Hay tres grandes de la época que nunca han dejado de provocarme sentimientos encontrados; Garry Winogrand, Robert Frank y William Eggleston. Yo les he aplicado el remoquete de los “Maestros de la Mamarrachada” (sin realmente sentirlo así). La receta, en los tres casos pero principalmente en el de Winogrand, parece ser: “Compre una Leica M, tire 20 magazines al día, no los edite y deje que la posteridad encuentre los “garbanzos de a libra” entre las miles de imágenes…”. Alguien dijo que si le dieramos una cámara a un chimpancé, algún día haría una obra maestra.
    Es inevitable enojarse con Winogrand al ver la famosa foto de la playa blanca con el auto azul(?) pero no puede uno dejar de sentir la bofetada social de la pareja interracial cargando a dos changuitos bebés. El triciclo de Eggelston es una obra maestra de la “urban americana” pero su techo rojo, …
    Nunca me había adentrado en Frank, considerandolo un “yo también” (me too) de Winogrand pero con la ventaja de que “nadie es profeta en su tierra”.
    Gracias por el excelente ensayo que me motiva a estudiarlo con más detenimiento.

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