Las espaldas no dicen nada

Por Óscar Colorado Nates*

¿Por qué muchos fotógrafos que inician tienen tantas fotografías con sujetos de espalda?
Ciudad de México, 2008. Foto por Óscar Colorado

Hoy en día es muy común encontrar fotografías de personas en la calle de espalda.  Ciertamente que puede ser un recurso narrativo en la fotografía si se desea que el observador se pregunte qué está viendo el sujeto o qué está pensando. Pero este no suele ser el caso. Con frecuencia se puede acabar con una fotografía que  pudo haber dicho mucho más si el sujeto hubiera estado de frente: Las espaldas no dicen nada.

¿Por qué es tan común esta situación? La razón tiene mucho que ver con los tiempos actuales.

En muchos países, hacer fotografías en la calle se ha convertido en un reto diferente del que existía hace algunos años. Una primera causa se encuentra en el atentado del 11 de Septiembre. Desde entonces muchos países han establecido leyes y normas no escritas para limitar la fotografía.

La fotografía en los tiempos del terrorismo

En Washington una persona puede ser arrestada si permanece frente a un lugar histórico haciendo fotografías durante más de cinco minutos.  Si, además, se tiene aspecto de musulmán, la situación podría empeorar dramáticamente.  En Inglaterra la lucha frente al abuso policial contra fotógrafos es legendaria. La revista Amateur Photographer de Londres ha pugnado durante los últimos cinco años por los derechos de los fotógrafos.

Sin embargo ni siquiera los foto-periodistas debidamente acreditados se salvan, como fue el caso de Kristyna Wentz-Graff quien fue detenida por la policía de Milwaukee a pesar de lucir ostensiblemente su credencial de reportera gráfica.

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Kristyna Wentz-Graff, fotopriodista, es esposada mientras fotografiaba una protesta en MIlwakee en 2011. Foto por Lita Medinger. Cortesía del Milwaukee Journal Sentinel

 

La inseguridad pública

Sin embargo los problemas fotográficos no se circunscriben exclusivamente a los países temerosos de actos terroristas. En algunos países latinoamericanos es cada vez más difícil hacer fotografías de calle, particularmente en la Ciudad de México.

Con el creciente número de secuestros en Latinoamérica, las personas en las calles son cada vez más desconfiadas ante el fotógrafo.
Con el creciente número de secuestros en Latinoamérica, las personas en las calles son cada vez más renuentes ante el fotógrafo. (Fotografía: panycircco.wordpress.com)

En la Ciudad de México, cuando se apunta la cámara a una persona generalmente se obtiene una respuesta agresiva y preguntas como “¿Qué te pasa? ¿Para qué la quieres?”  Y si hay niños involucrados en la escena la reacción de los padres será aún peor.

Ahora bien, también habría que reflexionar: ¿Qué reacción tendría el lector si alguien se le acercara con una cámara? No deja de ser una suerte de ataque y una cierta embestida a la intimidad de las personas. Ya lo escribió Susan Sontag: “Todo uso de la cámara implica una agresión.”(1) En su celebérrimo ensayo Sobre la fotografía la ensayista estadounidense abunda: “…hay algo de depredador en la acción de hacer una foto. Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven a si mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse; transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente.” (2) De modo que las “víctimas” de la fotografía no se encuentran tan erradas en su timidez frente a la lente.

La extorsión

En algunas ciudades existe un riesgo adicional: la extorsión policial. En este caso el fotógrafo no es visto como un terrorista, sino como una potencial víctima de extorsión.

Aunque hacer fotografías en la vía pública no sea un delito, ni siquiera una infracción administrativa, pueden existir policías que amenacen al fotógrafo con llevarle a la estación de policía más cercana. Tarde o temprano puede aparecer la velada insinuación para encontrar algún medio alternativo para evitar el enfadoso viaje “a la delegación.”

Dependiendo de la experiencia, aspecto y bolsillo del fotógrafo, el asunto se resolverá con dinero.

Conexión fotográfica

Aunque todo lo anterior es comprensible, no deja de ser cierto que es fundamental crear una relación entre sujeto y fotógrafo. Y esto no es privativo a una toma de glamour con una modelo contratada. Cuando se hace un retrato, la conexión entre fotógrafo y fotografiado es crucial. Incluso podría decirse que cuando se llega a una cierta complicidad es el punto ideal para la fotografía. Y esa relación se nota en las fotografías.

La relación entre el fotógrafo y su modelo es crucial. De inmediato se ve en la fotografía si existe esa conexión.
La relación entre el fotógrafo y su modelo es crucial. De inmediato se nota en la fotografía si existe o no esa conexión vital. (Fotografía: Ringlightphotography.com)

Muchos grandes fotógrafos han tenido la gran virtud de saber conectar con la gente, y eso les permite crear imágenes excepcionales.  Fotógrafos como Jordi Pizarro requieren meses para lograr construir una relación con la comunidad antes de sacar la cámara. Cuando existe la confianza necesaria, el acto fotográfico se convierte en una conexión que se hace evidente en la fotografía.

Salir a la calle y conectar con la gente

¿Esta foto comunicaría lo mismo su el sujeto diera la espalda a la cámara?
Óscar Colorado. Iván Vega, de la serie “Xochitzin” 2011 ¿Esta foto comunicaría lo mismo si el sujeto diera la espalda a la cámara?

La fotografía de calle hoy implica un acto de valentía fotográfica: Salir a la calle es arriesgarse, con peligros y obstáculos por todas partes. Ya no importa si es Londres, París, Washington o la Ciudad de México: Cada vez es mayor la posibilidad de salir a la calle con una cámara y ser agredido, extorsionado o asaltado y acabar sin equipo.

Ciertamente que una posibilidad es utilizar una cámara lo más discreta posible y actuar con rapidez. Cartier-Bresson era un maestro en moverse sigilosamente por la calle con su cámara disimulada a la espalda. Cuando algo le llamaba la atención, sacaba en un instante su Leica y captura la imagen sin dejar de moverse y sin llamar la atención. Las cámaras en los teléfonos móviles ponen mucho menos nerviosa a la gente.

Otra posibilidad, una vez en la calle, es armarse de valor  y buscar la conexión con las demás personas.

Un ejemplo claro de una foto que necesita estar de frente es “Memento”, que hice en 2013. No hay manera de comunicar esta fotografía de espaldas.

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“Memento” 2013, Foto por Óscar Colorado Nates

Para los fotógrafos tímidos esto es todo un reto. Y, en el fondo, todos tenemos miedo. Pero la cuestión está en cómo afrontamos ese miedo.

Al final del día vale la pena, porque entonces se pueden lograr fotografías mucho más interesantes, íntimas, llenas de información y de valor. ¿Requieren mayor esfuerzo? Desde luego, pero el mérito es mucho más grande. Por encima de todo es fundamental que una foto diga algo y, las más de las veces, las espaldas no dicen nada.


oscar_colorado_natesÓscar Colorado Nates es Profesor/Investigador titular de la Cátedra de Fotografía Avanzada en la Universidad Panamericana (Ciudad de México).

Es autor de los libros:

  • Ideas Decisivas: 800 reflexiones fotográficas (2a. Edición)
  • Fotografía 3.0 Y después de la Postfotografía ¿Qué?
  • Instagram, el ojo del mundo
  • Fotografía de documentalismo social
  • Fotografía Artística Contemporánea
  • El Mejor Fotógrafo del Mundo.

Columnista en el periódico El Universal (Cd. de México).
Editor y Director General de la revista fotográfica MIRADAS.

Co-fundador de la Sociedad Mexicana de Daguerrotipia y miembro de The Photographic Historical Society (Rochester, NY).

Las opiniones vertidas en los artículos son personales y no reflejan necesariamente las posturas de la Universidad Panamericana.
© 2011-2016 by Óscar Colorado Nates. Todos los Derechos Reservados. Esta publicación se realizan sin fines de lucro y con fines de investigación, enseñanza y/o crítica académica, artística y científica. 

Notas

[1] Sontag, Susan. Sobre la fotografía, Alfaguara, México, 2008, p. 21

[2] Sontag, Susan. Op. Cit. p. 31

Fuentes de Internet

 

 


 

Post-Data: Aunque, a decir verdad, la espaldas sí dicen algo. Hablan de esperanza, de futuro, de misterio y es una manera de incluir al observador en la escena.

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David, México 2008. Por Óscar Colorado Nates

¿Qué quiso decir Pedro Lira con su cuadro “La carta”? Él no se enfrentaba al problema de gente molesta en la calle por ser fotografiada.  Invito al lector a descubrir, con más profundidad, qué papel tienen las espaldas en el lenguaje visual.

Pedro Lira. "La carta". 1900 (Chile)
Pedro Lira. “La carta”. 1900 (Chile)

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2 pensamientos en “Las espaldas no dicen nada”

  1. Excelente conducción de la lectura hasta el casi convencimiento, menos para un inconvencido, de que “las espaldas no dicen nada”.
    Probablemente el hecho de vivir en un país dónde hasta hacerle un close-up a un policía es absolutamente legal, cosa que no haría en Cuba, me haya – hasta el momento – hecho pasar desapercibido el ángulo a explorar.
    De todas maneras, yo pienso que en fototografía no hay parte de la geografía humana que sea inexpresiva. El mensaje depende en gran medida de cómo el ojo detrás del visor interpreta la ausencia de una expresión facial y lo convierte en historia visual.
    Celebro inmensamente que menciones Amateur Photographer. Toda una institución y su sitio web es en si una escuela. Su foro es impresionante de dinamismo y opciones de aprendizaje sin los narcicismos flickerianos.
    Un abrazo enorme,
    Luis

    1. Estimado Luis, esta entrada la escribí especialmente pensando en mis alumnos porque en la ciudad de México es tan complicado hacerle fotos a la gente en la calle que la solución más simple es hacer fotos de espalda. En realidad claro que dicen algo: hablan de futuro, son una forma de cámara subjetiva donde se empata con el punto de vista del protagonista de la foto. El problema es que cuando se abusa de este recurso puede, fácilmente, utilizarse una expresión visual sin necesariamente querer haber dicho lo que realmente expresa, lo cual es como mínimo una deformación. ¡Muchos saludos! (Ánimo que ya pronto empezará la primavera en Canadá… espero!) Un abrazo grande, Óscar

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