
No importa que la foto de calle sea subjetiva u objetiva; que el estilo del fotógrafo sea deliberadamente claro u oscuro, directo o indirecto: la foto callejera debe comenzar interesando al observador.
Texto original de Juan Bosch adaptado y editado por Óscar Colorado*
Lo primero que debes aclarar si te inclinas a fotografiar es la intensidad de tu vocación. Nadie que no tenga vocación de fotógrafo puede hacer fotografías valiosas. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es la fotografía de calle? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que una fotografía de calle es la captura de una acción, hecho o persona excepcional en un lugar público.
En la fotografía de calle el relato (la narrativa) de un hecho que tiene indudable importancia, es lo que también podríamos llamar “el suceso”. Si el suceso que forma el meollo de la foto de calle carece de esa impronta de excepcionalidad, lo que se fotografía puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es una foto de calle.
Un niño que camina, simplemente, a la escuela no es materia suficiente para una foto de calle, porque no hay nada de importancia en su viaje diario a las clases; pero hay sustancia para la foto de calle si el autobús en que va el niño se vuelca, o si al llegar a su escuela el niño halla que el edificio escolar se ha quemado la noche anterior. Seamos un poco menos mórbidos: si al niño se le ha hecho tarde y en su carrera por llegar temprano capturamos un rostro desesperado entonces ahí hay sustancia para una foto que habla algo más que de la mera cotidianidad. O mejor aún, si al pequeño le han enviado por un par de botellas de vino y en el camino se ha encontrado a la niña que le gusta y la chiquilla le ha dicho algo durante el camino entonces tendremos un momento espectacular.
Aprender a discernir dónde hay un tema para una foto de calle es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: es la «tekné» de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista.
A menos que se trate de un caso excepcional, un buen fotógrafo tarda años en dominar la fotografía de calle, y la técnica se adquiere con la práctica más que con estudio. Pero nunca debe olvidarse que el género tiene una técnica y que ésta debe conocerse a fondo.
De paso diremos que una vez adquirida la técnica, el fotógrafo de calle puede escoger su propio camino, ser «hermético» o «figurativo» como se dice ahora, o lo que es lo mismo, subjetivo u objetivo; aplicar su estilo personal, presentar su obra desde su ángulo individual; expresarse como él crea que debe hacerlo. Pero no debe echarse en olvido que la fotografía callejera, reconocida como la más difícil en todas los lenguas fotográficas, no tolera innovaciones sino de los autores que la dominan en lo más esencial de su estructura.
Comparar 10 fotos de calle contra 50 de un documental es una ligereza. Un trabajo de registro fotográfico puede realizarse en dos meses, incluso en menos tiempo; una compilación de fotografías de calle con 50 piezas valiosas puede ser el trabajo de una década, o incluso mucho más. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección: el documental es extenso, la foto de calle es intensa.
El verdadero fotógrafo de calle dedica muchas horas de su vida a estudiar la técnica del género, al grado que logre dominarla en la misma forma en que el escritor consciente domina la palabra: la suelta, no tiene que premeditarla. Esa técnica no implica, como se piensa con frecuencia, la imagen sorprendente. Lo fundamental en ella es mantener vivo el interés del observador y por tanto sostener sin caídas la tensión, la fuerza interior con que el suceso va produciéndose. La sorpresa o la escena excepcional no es una condición imprescindible en una gran fotografía de calle.
No importa que la foto de calle sea subjetiva u objetiva; que el estilo del fotógrafo sea deliberadamente claro u oscuro, directo o indirecto: la foto callejera debe comenzar interesando al observador. Una vez cogido en ese interés el lector está en manos del fotógrafo y éste no debe soltarlo más.
El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen fotógrafo de calle. Sólo el que la domine podrá transformar la foto, mejorarla con una nueva modalidad, iluminarla con el toque de su personalidad creadora.
Ese oficio es necesario para el que hace foto de calle en un mercado árabe o en un callejón de Madrid. No hay manera de conocerlo sin ejercerlo. Nadie nace sabiéndolo, aunque en ocasiones un fotógrafo nato puede producir una gran foto por suerte o intuición. El oficio es obra del trabajo asiduo, de la meditación constante, de la dedicación apasionada. Fotógrafos de apreciables cualidades han perdido su don porque mientras tuvieron dentro de sí temas hicieron fotos sin detenerse a estudiar la técnica de la fotografía de calle y nunca la dominaron; cuando la veta interior se agotó, les faltó la capacidad para elaborar, con asuntos externos a su experiencia íntima, la delicada arquitectura que construye a un gran fotógrafo de calle. No adquirieron el oficio a tiempo, y sin el oficio no podían construir.
La búsqueda y la selección del material es una parte importante de la técnica; de la búsqueda y de la selección saldrá el tema. Parece que estas dos palabras -búsqueda y selección- implican lo mismo: buscar es seleccionar. Pero no es así para el fotógrafo. Él buscará aquello que su alma desea; motivos femeninos o de geometría, yuxtaposiciones o letreros, niños, parejas de enamorados o gente de trabajo. Una vez obtenido el material, escogerá el que más se avenga con su concepto general de la vida y con el tipo de fotografía que se propone realizar.
Se trata de salir a la calle y observar, no importa que no se tenga la cámara en la mano, nadie se pone nervioso de alguien que parece estar esperando algo con un cierto dejo de impaciencia. Pero el fotógrafo puede estar entendiendo la calle, su dinámica, sus personajes, lo que le intriga de ella. Se puede convertir en un “recogedor de motivos” hasta que encuentre aquellos que le toquen el alma.
Hacer fotografía de calle es una tarea seria y además hermosa. Arte difícil, tiene el premio en su propia realización. Hay mucho que decir sobre ella. Pero lo más importante es esto: Si has nacido con la vocación fotográfica, que significa llamada no talento, traes al mundo un don que estás en la obligación de poner al servicio de la humanidad. La única manera de cumplir con esa obligación es desarrollando, amplificando y madurando tus dotes naturales. Para lograrlo tienes que aprender todo lo relativo a tu oficio; qué es una fotografía y qué debes hacer para crear imágenes valiosas.
Si encaras tu vocación con seriedad, estudiarás a conciencia, trabajarás, te afanarás por dominar el género, que es sin duda muy rebelde, pero no indomable. Otros lo han logrado. Tú también puedes lograrlo.
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