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La lectura fotográfica como herramienta creativa

Un aspecto que el fotógrafo puede pasar por alto como parte de su juego de herramientas creativas es la lectura fotográfica.

Por Óscar Colorado Nates*

Leer fotos es hacer fotos

Existe una tendencia natural a creer que hacer fotos implica, invariablemente, tener la cámara en la mano. Sin embargo valdría la pena recordar que la fotografía es, ante todo, un proceso creativo donde la lectura de imágenes tiene un papel fundamental. Leer fotos es una actividad que busca desentrañar los elementos visuales de una imagen al tiempo que busca encontrarle un sentido. Se trata, al final del día, de cómo hacemos una interpretación.

A primera vista, podría creerse que la creación fotográfica (hacer una foto) es un proceso activo y leer una imagen es un hecho pasivo. Sin embargo, el acto de la lectura fotográfica también es activo porque se trata de un camino de ida y vuelta, lo que nos ha querido decir el fotógrafo y lo que nosotros le decimos a sus imágenes.

Richard Avedon

Al contemplar una foto, sabemos que el artista se ha interesado por un sujeto y ha querido expresar algo, tanto de sí mismo como del sujeto que eligió capturar. En el otro extremo se encuentra el observador quien recibe el mensaje, pero lo modifica a partir de su cultura, origen y punto de vista.

De modo que la fotografía es un diálogo, no un monólogo. Para un fotógrafo, la lectura fotográfica nunca es una actividad pasiva. De hecho forma parte de su propio proceso creativo porque le brinda inspiración y modelos a seguir.

El adolescente rockero

Pensemos en un adolescente que desea formar una banda de rock. La primera inspiración habrá venido de haber escuchado a otros músicos, y aquellas piezas y estilos que le gustan serán lo primero que incorporará en sus incipientes pasos musicales. Copiará, emulará, modificará y eventualmente encontrará su propia manera de expresarse.

James Patrick Page

Lo mismo debería ocurrir con el fotógrafo, pero frecuentemente cargamos con demasiados fantasmas heredados del modernismo y sus vanguardias: Aquellos mitos acerca de que un artista debe ser único, irrepetible, absolutamente original. Estos mitos provocan un bloqueo. Para quien se inicia en la fotografía siempre hay una sensación de que basarse en el trabajo de otros, ya no digamos copiar, es un pecado mortal. Nada más alejado de la realidad, y menos aún a partir del arte conceptual y el posmodernismo.

Pero regresemos a nuestro joven músico. Lo primero que seguramente hará este aprendiz será copiar aquel riff de Jimi Hendrix o de Eddie Van Halen que tanto le gusta. ¿Y cómo comenzó todo? Escuchando. Mutatis mutandis, para el fotógrafo todo empieza viendo, y antes que nada, percibiendo el mundo a través de los ojos de otro, de la mirada de otros grandes fotógrafos.

Richard Hugh Blackmore

Todos los grandes músicos comenzaron así: con puntos de referencia. ¿No resultaría terrible exigirle a nuestro joven guitarristas que invente algo absolutamente original, de la nada? Pues esa exigencia tremenda nos la imponemos, todos los días, los fotógrafos.

¿Por dónde comenzar?

Antes que con la cámara, se podría afirmar que el proceso fotográfico comienza cuando se tiene un libro de fotografía en la mano. Y con esto no nos referimos a un manual o a un texto didáctico sobre cómo hacer fotos, sino a la compilación de la obra visual de un autor (o autores) publicados en un mismo texto. Se trata de mirar, y admirar, el trabajo de los grandes maestros.

Si al cerrar un libro de fotografía se siente esa necesidad imperiosa de coger la cámara y salir a la calle, se puede estar seguro que aquella obra fue un motor fundamental de inspiración y ejemplo.

La lectura fotográfica puede iniciar como un juego, simplemente dando una revisión superficial a un libro. Un paso fundamental es dejarse llevar por aquello que nos gusta: suena a perogrullada, pero no lo es. Funciona muy bien ir a la librería, buscar la sección fotográfica y dejarse seducir. ¿Qué libro le llama a uno? ¿Qué autor resulta intrigante? No es necesario hacerse mayores cuestionamientos ni razonamientos.

En este sentido es fundamental dejarse llevar por el deleite. La belleza implica goce, lo grotesco disgusto. De modo que iniciar la lectura se trata, en primera estancia, de escoger algo que se disfrute.

Para comenzar una vida de lectura fotográfica no hace falta un orden. Si un fotógrafo va a la librería y empieza a comprar libros de grandes maestros en orden alfabético sería, desde luego, muy ordenado; sin embargo es muy fácil que con una estrategia así acabe por abandonar el hábito de leer fotos. Queremos exactamente lo contrario: seguir viendo y buscando fotografías. Y la mejor manera de hacerlo es dejarse llevar por el gusto, por aquello que nos agrada mirar.

En este primer nivel de lectura valdría la pena plantearse tres cuestiones:

– ¿Qué me gusta de este autor?

– ¿Hay algún elemento que se repita que llame mi atención?

– ¿Qué me gustaría hacer como él?

La respuesta a estas tres sencillas preguntas ya nos está llevando a un siguiente nivel de lectura mucho más activo. No solamente gozamos, sino también analizamos qué nos llevó a interesarnos por este autor en particular. Estamos en un ejercicio de auto-consciencia fotográfica que nos permite cuestionar al fotógrafo, pero ante todo a nosotros mismos.

Ya llegará el momento en el que demos un paso adicional como comprar otro libro del mismo maestro o buscar más fotografías suyas en Internet. Al principio conviene dejarse llevar por el gusto, el desorden si se quiere. Posteriormente podremos contar con más información, buscaremos en dónde encaja el fotógrafo que nos gustó y con qué otros creadores tiene afinidad. En su momento seguiremos el hilo, del mismo modo que el futuro músico comienza a preguntarse cómo se formó su banda favorita, en dónde surgió, a qué movimiento se integró, qué influencias tiene.

Como jugando

Es fundamental subrayar que este primer proceso de lectura debe tomarse con ligereza, como jugando. La actitud lúdica nos abre a un proceso creativo y nos permite estar en un entorno sin exigencias, distendido. Este juego ya comienza a cambiar nuestra cultura visual, el entendimiento de nuestro “yo fotográfico” a partir de la obra de otros.

John Winston Lennon

Regresemos a nuestro chico rockero: Imaginemos al adolescente con unos auriculares disfrutando su música favorita. No es una actividad formal, sistemática ni utiliza una metodología: Picotea, grita su canción favorita, y cuando se aburre ¡A otra cosa! Es una actitud que le ayuda a disfrutar de la actividad y a repetirla. Nadie busca aquello que disgusta. Es importante en estos primero pasos de lectura el hacer el momento lo más agradable posible: evitar distractores, escuchar música que le guste al fotógrafo, tomar una bebida que sea placentera (desde una cerveza, un café, té…)

La idea es generar un entorno sensorial rico que aumente el placer de la lectura fotográfica. Se trata, en este ambiente agradable y acogedor, de pasar las páginas sin prisa, poniendo atención a los detalles que atrapen nuestro interés. 

Retornando al tema de la experiencia lectora: si nos aseguramos de construir una actividad agradable, desearemos repetirlo; se está formando un hábito. Nuestro adolescente vuelve a escuchar música una y otra tarde porque es una actividad agradable y, sin saberlo ni intentarlo, está creciendo en cultura musical. Pronto se volverá un erudito en temas musicales y podrá discutir con algún otro amigo “experto” los pormenores de tal o cual artista. Y sin duda cuando tenga la guitarra en la mano se colarán esas tardes de escucha placentera.

En fotografía es lo mismo. Cuando carguemos con nuestra cámara, en el estuche también nos acompañarán aquellos fotógrafos que han atrapado nuestro gusto, y seguramente nos interesarán los mismos temas, los mismos sujetos. Sin embargo nos descubriremos haciendo las cosas un poco distinto, a nuestro propio modo. Y así es como se va creciendo artísticamente.

Sigamos el ejemplo del adolescente. Para convertir a la lectura fotográfica en un poderoso motor creativo lo primero es jugar, disfrutar, ver lo que nos gusta sin mayores aspiraciones. Ya llegarán otras etapas de erudición, sistematización, ubicación espacio-temporal, corrientes y movimientos…

Al momento de coger la cámara, todas esas tardes disfrutando libros y admirando el trabajo de otros se convierten en una herramienta activa. A primera vista podrían parecer que la cámara y los libros son actividades dispares, pero se trata de una actividad simbiótica: el fotógrafo se lleva a cuestas al lector quien le alimenta y viceversa.

Ante todo, es fundamental comprender que cuando leemos una fotografía estamos haciendo fotos. Es decir, que la cultura visual va formando una parte de nuestro criterio fotográfico. Además de objetivos, accesorios, filtros, no olvidemos llevar junto con nuestra cámara, aquellas deliciosas tardes de lectura fotográfica. Lograremos entonces que la lectura se convierta, auténticamente, en una herramienta creativa.


Óscar Colorado Nates es Profesor/Investigador titular de la Cátedra de Fotografía Avanzada en la Universidad Panamericana (Ciudad de México).

Es autor de los libros:

  • Ideas Decisivas: 800 reflexiones fotográficas (2a. Edición)
  • Fotografía 3.0 Y después de la Postfotografía ¿Qué?
  • Instagram, el ojo del mundo
  • Fotografía de documentalismo social
  • Fotografía Artística Contemporánea
  • El Mejor Fotógrafo del Mundo.

Columnista en el periódico El Universal (Cd. de México).
Editor y Director General de la revista fotográfica MIRADAS.

Co-fundador de la Sociedad Mexicana de Daguerrotipia y miembro de The Photographic Historical Society(Rochester, NY).

Las opiniones vertidas en los artículos son personales y no reflejan necesariamente las posturas de la Universidad Panamericana.

El presente texto fue publicado originalmente en la revista Fotógrafos Latinoamericanos, Noviembre de 2015. Reproducido con permiso del editor.

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