Ponencia: Belleza y fealdad en Sebastião Salgado desde Theodor Adorno

¿Es posible reconciliar la belleza y la fealdad? Theodor Adorno piensa que sí, y nos abre nuevas posibilidades para interpretar la obra de Sebastião Salgado.

El 6 de marzo de 2019 hice un Facebook Live en preparación a la presentación de mi ponencia sobre Salgado en el marco del I Congreso Internacional y VI Coloquio Nacional de la Asociación Mexicana de Estudios en Estética que se celebró en Puebla (México). Previamente hice un video que transmití en Facebook Live y que aquí puede verse:

A continuación presentamos el texto íntegro de la ponencia que es de carácter claramente académico, pero que puede ser de interés para los lectores de este blog:

Sebastião Salgado: Vida y obra desde la contradicción belleza-fealdad en la teoría estética de Theodor Adorno

Por Óscar Colorado Nates y Alma Delia Zamorano Rojas

El presente trabajo de investigación tiene por objeto la obra fotográfica de Sebastião Salgado, vista a través de los ojos del cineasta Wim Wenders en el largometraje documental La Sal de la Tierra (Wim Wenders, 2014) desde los conceptos de belleza y fealdad planteados por Theodor Adorno en su Teoría Estética.

Así, surge como pregunta central: ¿Se podría reconciliar la vida y obra de Salgado, tal como se plasma en La sal de la tierra (Wim Wenders, 2014) con la polémica de algunos de sus sujetos hundidos en la miseria a partir de de la Teoría Estética de Adorno?

Para contestar esta pregunta, se realizará una investigación biblio-hemerográfica que parta de los conceptos de disonancia belleza-fealdad planteados por Theodor W. Adorno; luego, se repasará la polémica que desató la obra de Salgado en la década de 1970 y, a la luz de de esta controversia, se buscará descifrar a través del análisis cinematográfico la dualidad belleza-fealdad salgadiana en el filme de Wenders.

1. De la fealdad en Theodor W. Adorno

La belleza es el criterio que determina el arte auténtico: lo bello constituye el lenguaje que nos libera de la servidumbre y lo subalterno, nos conduce con inteligencia y mesura a la dimensión lúdica y traslada lo infinito a formas finitas. Lo bello no tiene una finalidad fuera de sí mismo ni menos aun una utilidad profana: se satisface representándose a sí mismo. El arte detiene el tiempo. No existe obviamente un criterio absoluto, seguro y generalmente aceptado para definir lo que es la belleza estética, pero se puede afirmar que lo bello se sedimenta en aquellas obras que, además de la perfección técnica, dejan entrever el peso de la experiencia humana, el talento innovador del artista y la energía de la emoción concentrada…(Mansilla, 2006:125).

Para entender el pensamiento de Theodor Adorno en torno a la belleza, la estética y la fealdad es necesario inscribirlo en una corriente de pensamiento en donde se convirtió en uno de sus pilares más importantes: la escuela de Frankfurt.

La Escuela de Frankfurt se dio en el seno del Instituto de Investigación Social de la Universidad Goethe de Frankfurt.
La Escuela de Frankfurt se dio en el seno del Instituto de Investigación Social de la Universidad Goethe de Frankfurt.

En este sentido cabe destacar que muchos de sus pensadores manifestaban que en la cultura se congregaba gran parte del pensamiento en torno a la sociedad; es por ello que el arte también integraba esa cultura, pero en consonancia con sus propios postulados, el llamado gran arte debía estar comprometido con la protesta,

… exhibiendo sin concesiones las contradicciones y los elementos negativos de la sociedad contemporánea. Las promesa de bienestar del gran arte va obviamente allende el mero bienestar material que tanto capitalistas como revolucionarios consideran como la culminación y el paradigma definitivo de un orden razonable. Esta concepción está contrapuesta a la usual de marxistas y posmodernistas. El gran arte es el que expresa lo que la ideología encubre, aquél que transciende la falsa conciencia; arte genuino es el que está libre del principio de rentabilidad y exento del esfuerzo por sobrevivir y de las coerciones de la praxis social. La inutilidad del arte es su verdad enfática en un mundo donde el principio de rendimiento y provecho, exacerbado a la calidad de norma rectora, ha desvirtuado casi todo acto socio-político de humanidad. La autonomía del arte se refleja en su protesta permanente contra la realidad; sus ficciones son más verdaderas que la vida cotidiana…(Mansilla, 2006: 129).

Así, las manifestaciones artísticas serán evaluadas a través de la concepción concreta de negar el arte, pues lo que se pretende es trascender la realidad existente. Theodor Adorno afirmará que la negación del arte constituye su verdadera fuente, pues el arte auténtico es aquel que exhibe una oposición para ser catalogado o inscrito, pues de lo que se trata es de que sea reinterpretado siempre de diferente manera cada vez, dotándolo de diversidad de sentidos y atribuciones “es aquella protesta que conserva un impulso utópico y que se dirige contra la constelación prevaleciente” (Mansilla, 2006:130).

Y es aquí cuando Adorno manifiesta que el arte verdadero debe proponer nuevas disonancias con el arte tradicional pues debería representar las otras realidades, es decir, la fealdad de la existencia “… el término técnico de su recepción por el arte es el de disonancia, pero la estética tanto como la actitud ingenua lo llaman sencillamente lo feo” (Adorno, 1992:67).

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Theodor Adorno

Asimismo otra de las propuestas sobre estos conceptos y sus acercamientos desde la óptica de la Escuela de Frankfurt se refiere a la conceptualización misma de la estética en donde se propone que el arte debe estar en una constante tensión, pues si por un lado forma parte de la cultura y está debe permitir sacar a flote nuevas realidades, por ello para que exista la belleza debe existir la fealdad.

La frase de Nietszche de que todas las cosas buenas fueron amargas alguna vez, la idea de Schelling de que lo que fue fecundo en los comienzos pudieron extrarrse de sus nuevas experiencias estéticas. Cualquier contenido hundido y renacido de nuevo puede ser imaginativa y formalmente sublimado. La belleza no es el puro comienzo platónico, sino algo que ha llegado a ser por la renuncia a lo que en otro tiempo se temía y nace, en la etapa final de la contemplación retrospectiva de su oposición a lo feo (Adorno, 1992:69)

Esta dicotomía, empero, ha sido propuesta desde tiempos remotos, siempre en relación con un dilema ético, pues en la historia del pensamiento estético, serán los griegos quienes intentarán alcanzar la perfección estudiando la naturaleza. Por medio de estos saberes se conformará todo un tratado acerca del ideal de belleza fundado en la presencia de la ética y la moral; por ejemplo Platón identifica en El Banquete bondad con belleza, una idea que permaneció arraigada por varios siglos (Platón, 2002).

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Platón (427-347 a.C.) refería en El Banquete y la República que en el concepto de la belleza también debía incluirse la noción de lo verdadero y de lo bueno.

Ahora bien, a partir del siglo XVIII surgirá la idea del gusto y la sensibilidad, por lo que la belleza dejaría a la naturaleza como sustento para adentrarse en la exploración de una estética racional, surgiendo el pensamiento de que el arte tiene, como componente fundamental, la belleza estética.

A mediados de los años veinte del siglo pasado, las vanguardias y otras revoluciones en el arte abatirían la obsesión de que lo artístico debería ser únicamente lo bello, más bien se anhela descubrir la realidad humana, con sus virtudes y sus defectos, por lo que se explora necesariamente en la fealdad. Se intenta forjar una transformación en el individuo, que vaya mucho más allá del éxtasis por admirar algo placentero, por ello el arte mostrará distintas realidades, destapando verdades oscuras, en donde el pensamiento de Adorno logrará vincular el aspecto social de la fealdad, desprendiéndolo completamente del pensamiento unitario que adoraría por siglos la estética en la belleza.

Belleza y fealdad, aunque opuestos parece que pueden vivir en armonía. "Amantes mal emparejados" Quentin Massys (ca. 1520-25)
Belleza y fealdad, aunque opuestos parece que pueden vivir en armonía. “Amantes mal emparejados” Quentin Massys (ca. 1520-25)

El arte tiene que convertir en uno de sus temas lo feo y proscrito: pero no para integrarlo, para suavizarlo o para reconciliarse con su existencia por medio del humor, más repulsivo aquíe que cualquier repulsión. Tiene que apropiarse lo fe para denunciar en ello a un mundo que lo crea y lo reproduce a su propia imagen… (Adorno, 1992: 71)

La fealdad reclamaría un espacio en la estética y sería en el siglo XX donde se explotaría definitivamente.

En su recorrido histórico la belleza ha hecho noche en cuantas postas le han salido al paso: la moral, la fuerza, el equilibrio, la gracia, la armonía de proporciones, el refinamiento, el hieratismo, la saturación ornamental…, lo que ya nos alerta sobre sus constantes de mutabilidad y su escasa capacidad de autoafirmación si no es a costa de negarse con una cierta periodicidad. Este transfuguismo histórico de su esencia conceptual ha desembocado en un desprestigio de sus propiedades originales como fruto de aquellos añadidos acumulativos, sin precisión progresiva de sus posos residuales, hasta escamotear el buen uso de lo bello en una formulación de mínimos que jamás debió rebasar (Zurrón, 2006:30).

En este sentido vale la pena apuntar que si bien la sociedad ha ido modificando los cánones de belleza, será el individuo quien considere finalmente lo que es estético.

Más allá de esto existe un punto en donde lo ético y lo inmoral se une a lo bello y lo feo. Si bien son conceptos separados, las imposiciones sociales buscan que en nuestra mente lo inmoral nos repugne, tenemos prohibido encontrar belleza en los actos contrarios a las costumbres. Sin embargo, en el Arte nos enfrentamos a un cuestionamiento: al plasmar en una obra una situación calificada como opuesta a la moral, tal como asesinatos o torturas, ¿esto no puede transformarse en belleza? ¿Por qué nuestro juicio ético debe teñir la sensación que puede darnos lo estético de la creación? (Saidman, 2013).

2. La fotografía de Salgado

2.1 Antecedentes

Sebastião salgado nació en Minas Gerais (Brasil) en 1944. Hijo de un hacendado próspero abandonó los estudios de Derecho para decantarse por la Economía. Mientras estudiaba la maestría en Economía se opuso al régimen militar en 1969 (Koetzle, 2007). De tal modo que hubo de exiliarse en París junto con su esposa Lélia Deluiz Wanick. Salgado realizó sus estudios doctorales en Economía en la Ciudad Luz al tiempo que su esposa estudiaba arquitectura. Su vida fotográfica comenzó por casualidad; El propio fotógrafo lo explica:

My wife is an architect; when we were young and living in Paris, she bought a camera to take pictures of buildings. For the first time, I looked through a lens – and photography immediately started to invade my life. I finished my PhD in economics, and become an economist, but the camera gave me 10 times more pleasure. Eventually, I abandoned everything and started a new life as a photographer (Barnett, 2012).

2.2 Apreciación

Desde entonces, Salgado se ha dedicado a la fotografía luego de abandonar totalmente la economía. Después de cinco décadas de vida fotográfica, se ha convertido en una figura que le ha valido el exponer su obra junto a la de Henri Cartier-Bresson y Robert Capa (Serrano-Conde, 2015). Es, además, un documentalista que ha influido de manera importante en el fotoperiodismo contemporáneo. (Kimmelman, 2001)

La obra fotográfica de Salgado se ha integrado en series claramente definidas: Otras Américas (1977-1984), Brazil (1981-1983), Sahel, el final del camino (1984-1986), Trabajadores (1986-1991), Éxodos (1993-1999) o Génesis (2004-2013). Su trabajo se ha traducido en cuidadas obras editoriales que incluyen también la mano del hombre (1993) o Terra (1997) además de La mina de oro de Serra Pelada (1999).

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Desde lo formal, la fotografía de Sebastiao Salgado se incrusta firmemente en la proporción 3:2 del formato de 35mm, derivado de las cámaras Leica que usó durante buena parte de su carrera y que ha mantenido hasta el presente, a pesar de haberse mudado al formato digital con una cámara de cuadro completo Canon EOS 5D, tal como puede apreciarse en diversas escenas en La Sal de la Tierra. Esta elección del formato no es menor, pues sorprende la calidad de sus imágenes aún cuando se realizan en un negativo (en el caso analógico) relativamente pequeño. El formato de 35mm otorga un encuadre de proporciones más alargadas, que Salgado ha aprendido a aprovechar y que constituye un punto medio entre el formato grande con proporciones 4:3 o los alargados encuadres panorámicos. La elección de Salgado le permite capturar la inmensidad de los paisajes y en el caso de los retratos el fotógrafo sabe componer de manera muy efectiva, frecuentemente siguiendo la proporción áurea.

Salgado trabaja, invariablemente en blanco y negro. Llama la atención su dominio sobre las propiedades fundamentales de la luz: Calidad, cantidad y dirección, por mencionar solamente tres. En sus fotografías la luz es siempre una constante, ya sea por los afortunados contraluces o la explicación de lo lumínico a través de niebla o polvo que revelan la enorme importancia de la luz en la estética fotográfica salgadiana y que le otorga una cualidad cinematográfica. No es extraño que la fotografía fija de Salgado hubiera sido trasladada de manera tan afortunada al formato del cine en el documental de Wim Wenders que se estudia en el presente trabajo de investigación.

Aunque lo primero que llama la atención es la superficie estética más evidente en las fotografías de Salgado, no habría que perder de vista otras capas de valor ya no en lo formal sino en lo temático: Son fotografías de un mérito social donde se imbrican la economía, la sociología, la ecología y la memoria.

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En Salgado se pueden encontrar numerosos íntertextos. Para comenzar, con fotógrafos de la corriente humanista como Werner Bischof o Willy Ronis. Al revisar la obra de Salgado, viene de inmediato a la mente el nombre de Josef Koudelka, quien también ha tratado los temas de la industria, la migración y el exilio (Estrin, 2013).

Algunas fotografías de Josef Koudelka:

En lo documental, quizá el autor con quien se puedan encontrar mayores afinidades es W. Eugene Smith, en particular en el trabajo que el estadounidense realizó en Pittsburgh. Existe otro diálogo intertextual entre Salgado y el fotógrafo japonés Daido Moriyama, en particular entre dos fotografías: El perro callejero de Moriyama y aquella que realizó Salgado en Georgia del Sur (noviembre-diciembre de 2009) conde aparecen en primer plano unas crías de elefante marino del sur en la Bahía de Saint Andrew. En ambos casos los animales voltean y miran directamente a la cámara generando un poderoso nivel de conexión con el observador.

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Daido Moriyama
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Sebastiao Salgado

Salgado también genera intertextos con el corpus fotográfico titulado “In the American West” de Richard Avedon no por motivos estéticos o formales, sino por la recepción de la crítica, pues como se revisará más adelante en esta misma investigación, la crítica de un tratamiento estético bello a un sujeto desprotegido y explotar la miseria ajena acarreó críticas similares tanto en Avedon (Proulx, 2005) como en Salgado.

Algunas imágenes de la serie “In the American West” de Richard Avedon.

Para cerrar los aspectos de intertexualidad en Salgado, es fundamental referirse a dos “Adams”: Primero, Ansel Adams, donde existe una relación temática e incluso formal entre el estadounidense y el brasileño, pero también una preocupación de fondo por el tema ecológico. Aunque ambos difieren en la herramienta, pues mientras Ansel Adams formaba parte del colectivo f/64 y utilizaba las características cámaras de formato grande y película en placa de 8×10”, Salgado emplea el formato proporcionalmente pequeño de 35mm.

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Ansel Adams
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Sebastiao Salgado

En cuanto al otro Adams, la referencia de intertextualidad se refiere a Robert Adams, quien capturó el resultado de la urbanización en el norte estadounidense (particularmente en Oregon y en Colorado) y la destrucción del paisaje natural (Feeney, 2015).

En lo temático, Salgado aborda de manera porosa la flora, fauna, paisaje y humanidad. Pueden encontrarse paisajes en obras de impronta predominantemente antropológica como Trabajadores o personas en libros predominantemente paisajísticos como Génesis. En el fondo, Salgado puede calificarse en el marco de la fotografía humanista por que el ser humano siempre es el telón de fondo de su obra, aún cuando trate de los paisajes intocados como es el caso de Génsesis.

En la fotografía de Salgado siempre existe un drama que otorga una narrativa constante al conjunto de su trabajo, y es la fricción que se deriva de todo aquello que desaparece por culpa del ser humano. Se trata del drama de la industrialización, la tragedia del ecocidio y la odisea de la migración. Incluso en las fotografías de Génesis, cuya belleza parecería ser parte de otro planeta, existe lo que podría calificarse de una mirada subyacente no ocular. Platón dialogaba en La República sobre la virtud de los ojos; se trata de una profunda, muchas veces oculta, intención del espíritu. En el caso de Salgado, y como podrá verse al revisar el documental La Sal de la Tierra existe, bajo la superficie de las hermosas fotografías del fotógrafo estudiado, una permanente angustia, no solo de lo que está en el cuadro, sino de lo que lo ha producido, y en el caso de Génesis lo que lo pone en peligro.

2.3 La polémica de Sebastião Salgado

A pesar de la apreciación de la belleza en sus fotografías, Salgado ha sido objeto de enconadas críticas, como la que realizó Jean-François Chevrier del periódico galo Le Monde cuando calificó el trabajo del brasileño de “voyeurismo sentimental” además de sacar partido del sufrimiento humano. (Koetzle, Hans-Michael, 2012 P. 277) Javier Ferreira le ha acusado de ser un recopilador retorcido de la injusticia y la crueldad y le llamó “esteta de la miseria” (Colorado, 2013). Incluso Susan Sontag llegó a criticarle (Espada, 2004). Ingrid Sischy en The New Yorker también se abalanzó contra Salgado alegando que el fotógrafo se ocupaba más de los aspectos compositivos que de la angustia de sus sujetos y que sus fotografías llamaban más a la contemplación que a la acción (Sischy, 1991). Quizá una de las recriminaciones más amargas contra Salgado es cuando se caracterizó su fotografía de “iconografía antropofágica”(García López, 2012).

Justificación de Salgado

Hay que recordar que estas mismas recriminaciones también se le hicieron a otros fotógrafos como W. Eugene Smith, Dorothea Lange, Walker Evans o Lews Hine.

Salgado ha defendido sus motivos invocando su trabajo humanitario con asociaciones como Christian Aid del Reino Unido, Médicos Sin Fronteras o la organización frances Comité Catholique contre la Faim et pour le Développement, sin olvidar que es embajador de UNICEF.

Salgado explica:

Nunca me he puesto en el dilema moral de hacer o no una fotografía como «¿Tengo el derecho de fotografiar cuando tengo la muerte frente a mí, y el sufrimiento está delante de mí?» Nunca me hago estas preguntas porque ya me formulé las interrogantes fundamentales antes de llegar ahí. ¿Tenemos el derecho a la división de recursos que hay en el mundo? ¿Tengo el derecho a tener la casa que tengo, a vivir donde vivo? ¿Tengo el derecho a comer cuando otros no comen? Estas son las preguntas sustanciales (Jaeger, 2007: 80).

3. Salgado según Wenders. La sal de la tierra (2014)

El documental basado en la vida del fotógrafo Sebastião Salgado, se configura como un homenaje a su obra. En él se logra articular una pieza de singular belleza, pues al ser un producto audiovisual, las imágenes de poderosa fuerza por su composición en blanco y negro, llena de textura, contraste y ritmo de la obra del fotodocumentalista se armonizan con un discurso en donde es él mismo, quien comparte sus experiencias en razón de cada uno de sus proyectos fotográficos.

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Juliano Ribeiro Salgado, Sebastião Salgado y Wim Wenders

Este recorrido funciona como una especie de ancla en donde las series fotográficas Otras Américas (1977-1984), Brazil (1981-1983), Sahel, el final del camino (1984-1986), Trabajadores (1986-1991), Éxodos (1993-1999) y Génesis (2004-2013) intentan vincular la historia de vida del fotógrafo, con las decisiones y temas que pretendió plasmar en cada una de sus imágenes, narrando cada moción de sus proyectos, así como los conflictos a los que se enfrentó para llevarlos a cabo.

Aunado a ello, el documental teje un relato narrativo que cuenta una historia polifacética que combina al mismo tiempo las fotografías de Salgado con testimonios inspiradores y poéticos a propósito de algunas de sus imágenes particularmente más fuertes, aunado a la mirada del cineasta Wim Wenders (quien ya tenía documentales biográficos como Lightning over water sobre Nicholas Ray, Tokyo-Ga sobre el realizador Yasujiro Ozu, Notebook on cities an clothes acerca del diseñador Yohji Yamamoto, y sobre el grupo musical Buena Vista Social Club), él junto con Ribeiro Salgado, hijo del fotógrafo componen una experiencia estética al articular la apología del cine con la foto fija aunado a una banda sonora que conjunta testimonio, música y sonido ambiental.

retrato Sebastião Salgado Sebastiao Salgado 2

“Nunca había visto nada parecido. Vi pasar la historia de la humanidad. La historia de la construcción de las pirámides, la torre de Babel, las minas del rey Salomón, se oía el murmullo de cincuenta mil personas metidas en un gran agujero. Estar ahí era viajar al principio de los tiempos, al murmullo de los tiempos”. Estas son las palabras del fotógrafo a propósito de una serie de imágenes de Sierra Pelada (1986), una enorme mina de oro en Brasil en donde miles de personas cargan bultos sobre sus cabezas con la esperanza de de extraer el valioso mineral de un enorme agujero.

Y es con esta frase y las imágenes que la acompañan, que Sebastião Salgado argumenta su necesidad de documentar el mundo haciendo patente la importancia de las personas, que son la sal de la tierra, conjuntando tiempo y vida para lograr ofrecer su propia visión de un ideal de planeta.

Después y a manera de contexto se ofrecen detalles de su vida personal, sus padres, país, carrera, matrimonio, hijos y el momento en el que empieza su vocación fotográfica y los primeros proyectos que implican un amplio estudio por parte del artísta.

De entre ellos, el que se convierte en paradigmático en su historia será sin lugar a dudas Sahel, el final del camino que realiza en África entre 1984 y 1986, el cual además de consolidarlo plenamente como un reconocido fotógrafo internacional, acuñó a través de la crítica lo que podría ser llamado la estética de la fealdad.

Sahel en realidad tenía como finalidad ser un amplio reportaje sobre el hambre, por ello Salgado se desplazó a un campo de refugiados para mostrar que existía la humanidad viva en medio de la miseria; sin embargo lo que logró fueron imágenes bellísimas sobre seres humanos agonizantes, sobre esqueletos vivientes que apenas se mantenían en pie, sobre mujeres que veían morir a sus hijos y sobre la falta de generosidad del ser humano, pues era una tragedia que podía abatirse a través del altruismo, pues en esa tierra la frontera entre la vida y la muerte era intangible.

retrato Sebastião Salgado Sebastiao Salgado 11 thomas schweigert

Sin embargo, las imágenes de Salgado a pesar de centrarse en estos tópicos tienen una belleza sobrenatural, los rostros marcados por la arena, las pieles como cortezas, los muertos que deben ser limpiados para continuar su camino hacia la otra vida. En realidad lo que formula el fotógrafo, quizá sin proponérselo es atrapar el horror que le rodea.

…ya había sentado Víctor Hugo en su manifiesto romántico con el Prefacio a Cromwell: Lo bello no tiene más que un tipo; lo feo, mil. Y es que lo bello, hablando humanamente, no es sino la forma considerada en su relación más simple, en su simetría más absoluta, en su armonía más íntimamente vinculada a nuestra organización: por ello nos ofrece siempre un conjunto completo, pero limitado como nosotros mismos. Por el contrario, lo que denominamos lo feo es un detalle de un gran conjunto que nos escapa y que armoniza, no ya con el hombre, sino con la creación entera (Menéndez, 2018:1695).

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Esta cita es muy reveladora en la obra de Salgado, pues en sus siguientes dos trabajos seguirá proponiendo el retrato de la miseria humana, de una deshumanización que ha dejado como saldo un universo roto, y aunque su discurso se hace manifiesto en este sentido, en su obra fotográfica pareciera que atrapa la belleza de la fealdad.

Bajo un prisma eminentemente estético, la ruptura con la tradición platónica en pro de lo feo como fenómeno, si bien aún no despolarizado en su relación troncal con la belleza, no se produjo hasta mediados del s. XIX, donde voces autorizadas (por todas, Rosenkranz) reivindicaron su singularidad. Ya un siglo antes Kant había descongestionado la cuestión al contraponer lo bello y lo sublime, abriendo de forma inconsciente un tragaluz para lo grotesco (por derivación de lo informe e inconcreto) en el hasta entonces petrificado templo de la estética, inhabituado a tales impostores (Zurrón, 2006: 13).

El siguiente proyecto Trabajadores le llevaría cinco años de su vida (1986-1991) donde nuevamente Salgado intenta ofrecer un homenaje a quienes construyeron el mundo; sin embargo muchas de sus fotográfias se convirtieron nuevamente en discursos de denuncia, que al mismo tiempo que elogiaban el trabajo manual, daban cuenta de las deplorables condiciones en que se trabajaba en muchos lugares del planeta. El cierre más aterrador de la serie sería acerca de Kuwait y las condiciones en que se trabajaba para apagar los pozos petroleros que habían sido encendidos.

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Sebastião Salgado

Este ensayo fotográfico daría paso a uno de los proyectos que más marcaría a Sebastião Salgado, y que le harían cambiar su rumbo, Éxodo (1993-1999) la serie más comprometida con la marginación, al abordar la migración por guerras, la hambruna y el papel de los mercados mundiales.

A propósito de ella, Salgado manifiesta: “Nuestra violencia es extraña. Nuestra historia es una historia de guerra sin fin, de represión, de luces” (Wenders y Salgado, 2014).

Éxodo tuvo como inicio África, aunque después se extendió a todo el mundo; sin embargo cuando las fotografías sobre las luchas intestinas en Ruanda entre hutus y tutsis ven la luz, Salgado manifiesta sobre ellas: “Todo mundo debería ver estas imágenes para ver lo terrible que es nuestra especie” (Wenders y Salgado, 2014). Estas son con Sahel las más crudas en el cuerpo de obra del fotográfo y nuevamente asaltan una serie de cuestionamientos en torno a la estética de la fealdad, pues como manfiesta Adorno: “…el arte no se agota en el concepto de lo bello, sino que, para llegar a la plenitud, necesita de lo feo como negación suya.” (Adorno, 1992:67).

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Al respecto cabe apuntar que este enfrentamiento africano fue calificado como genocidio al causar un millón de muertes y más de 200 mil mujeres violadas. El que Sebastião Salgado estuviera ahí significó poder documentar con su cámara aquellas atrocidades, pero también comportó mostrar imágenes que contenían nuevamente aquella contradictoria paradoja. Al terminar manifestó:

Mi cuerpo enfermó, mi alma estaba enferma. Fui a Ruanda un año después de la catástrofe. Lo que encontré fue un planeta de tiendas de refugiados y varios escenarios en donde habían sido sacrificados esos cientos de miles de personas, Iglesia, escuelas, fue espantoso […] En 1997 viajé al Congo, ahí 250 mil personas se habían internado en el bosque para salvar sus vidas viviendo ahí por seis meses, después lograron salir alrededor de 25 mil. La de Africa fue una triste aventura. No creía en nada. No creía en la salvación de la especie humana, no podía, no merecía vivir más. Nadie merecía vivir. Cuantas veces tire al suelo la cámara para llorar por lo que veía (Wenders y Salgado, 2014).

El fotógrafo se había asomado al corazón de la oscuridad y se cuestionaba su trabajo como fotógrafo social y testigo de la condición humana ¿Qué le quedaba por hacer después de Ruanda? En este punto de su vida se cruzarían dos acontecimientos importantes; el primero, su regreso a la finca familiar en Brasil con un proyecto de su esposa por reforestar los bosques tropicales creando la Fundación Terra; y en segundo lugar, su decisión de no volver a retratar personas, sino regresar a la naturaleza y el medio ambiente.

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Es así como nace su último proyecto, como un homenaje al planeta, al descrubir que medio mundo aún se encuentra como fue creado. Es así que nace Génesis (2004-2013) y con él un nuevo aprendizaje, pues tendría que aprender de paisajismo y de retrato de animales.

Win Wenders declaraba que en este punto

…supe que debía contar dos historias al mismo tiempo. Una que contaría que el programa de reforestación que han emprendido en Brasil, y sus casi milagrosos resultados, han tenido un final feliz para Sebastião, después de toda las desgracias de las que fue testigo y de la depresión en la que se sumió al volver de Ruanda por última vez. No sólo ha dedicado Génesis, su último trabajo monumental, a la Naturaleza, sino que también se puede decir que la Naturaleza le ha permitido no perder la fe en la Humanidad (Wenders y Salgado, 2014).

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Este último trabajo tuvo una buena recepción por la crítica, quien lo catalogó como una carta de amor al planeta, una visión optimista acerca del mundo, y el fin del documental también cierra en este sentido, elogiando al fotógrafo.

El hombre cuyas fotografías nos han contado miles de historias sobre nuestro planeta nos deja una gran historia y un gran sueño: la destrucción de la naturaleza se puede revertir. Más de mil fuentes de agua vuelven a regar el Instituto Terra, ya hay planteados 2.5 millones de árboles. La fauna ha regresado, incluso los jaguares. La tierra ya no es posesión de los Salgado, ahora es un parque nacional que pertenece a todo el mundo. Es la demostración de que la tierra devastada de cualquier lugar puede volver a ser bosque…(Wenders y Salgado, 2014).

Para finalizar hay que señalar que La sal de la tierra cuenta con los siguientes reconocimientos, fue nominado a Mejor largometraje documental en los premios Oscar, ganó el premio César a Mejor documental. Obtuvo el Premio Especial del Jurado (Un Certain Regard) en el Festival de Cannes; en los premios Goya fue nominada a Mejor película europea y en el Festival de San Sebastián obtuvo el Premio del público.

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Acerca de la obra fílmica la crítica ha manifestado:

A pesar de tener una estructura que podríamos calificar de tradicional, el documental no es un trabajo fácil de ver. Incluso, podría decir que es un audiovisual doloroso, del que a veces quisiéramos retirar la vista en vez de atestiguar, a través de la lente de Salgado, algunos de los episodios más violentos de la humanidad, que irremediablemente nos han arrastrado a los mismos lugares: la hambruna, los éxodos y la muerte. Pero en medio de todo eso está el dolor, la frustración y la desesperanza, que no deja espacio para la esperanza, la redención o el perdón. Salgado, quien ha visto desde la primera línea los sucesos más terribles cometidos por el hombre, habla con una tranquilidad mística, como si se tratara de un monje que, a través de su brillante memoria, recuerda decenas de anécdotas que rodearon cada una de sus icónicas fotografías, de sus fantásticos viajes y de los invaluables testimonios compilados en forma de libros que resultaron de los mismos. (Wenders y Salgado, 2014). 

Así, la obra de Salgado también podría entenderse como bella por el fondo de las intenciones del autor y la fealdad del sujeto es encontrada por los críticos. Hay una porosidad entre el fotógrafo comprometido con la miseria humana y su explotación para obtener un beneficio personal.

Llegamos a pensar entonces en la gran cantidad de aspectos que rigen los conceptos de belleza y fealdad y en la manera en que cada uno de nosotros los percibe. Desde el deseo de indagar en lo prohibido hasta las limitaciones éticas, pasando por los cánones culturales y la apreciación individual, las sensaciones estéticas van gestándose continuamente y resulta imposible definirlas de manera uniforme (Saidman, 2013).

4. A manera de conclusión

Al iniciar la presente investigación se partió de la pregunta: ¿Se podría reconciliar la vida y obra de Salgado, tal como se plasma en La sal de la tierra (Wim Wenders, 2014) con la polémica de algunos de sus sujetos hundidos en la miseria a partir de de la Teoría Estética de Adorno?

Sebastiao Salgado, con cinco décadas de reconocida trayectoria fotográfica ocupa en el momento presente un lugar de privilegio como un exhaustivo documentalista global.

Las objeciones que se dieron al inicio de su carrera han tenido dos vías de solución: La histórica y la filosófica. Desde la perspectiva histórica, los críticas a Salgado por la estetización de la miseria resultaron efímeras y la valía del fotógrafo las ha sobrepasado con mucho hasta convertirlas en francamente anecdóticas: La contundencia y constancia del trabajo del fotógrafo ha servido ⎯a lo largo de los años⎯ para una mejor comprensión de sus motivaciones e intenciones.

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Sebastiao Salgado

Ahora bien, desde el punto de vista filosófico, la teoría estética de Theodor Adorno, enmarcada en la Escuela de Frankfurt, ofrecen los argumentos que permiten conciliar puntos aparentemente dicotómicos pues concertan el lugar de la fealdad en el arte y armonizan los conceptos de belleza tanto desde lo sensible como desde lo ético. El principal riesgo que podría haber tenido la obra de Salgado era la de ser moralmente reprochable y, por tanto, desestimada aún a pesar de sus posibles méritos estéticos; en dicho caso habría existido una irreconciliable divergencia entre lo ético y lo estético.

Sin embargo, Theodor Adorno ofrece un enfoque, para efectos del presente trabajo de investigación, que brinda una manera de comprender lo que se podría etiquetar como “lo feo de Salgado” (una potencial intención moralmente reprochable o la explotación de la miseria de los sujetos fotografiados) con los aspectos que podrían comprender “lo bello de Salgado” y que incluyen, asimismo, la intención moralmente encomiable que él mismo ha defendido y que ha sido validada a lo largo de los años, con la belleza visual de sus fotografías.

Sebastião Salgado Sebastiao Salgado 73

El documental La sal de la tierra de Wim Wenders, ofrece una panorámica que trasciende a su propia diégesis interna, insertándose en un relato más grande, el de la narrativa salgadiana. Si bien este documental es una obra audiovisual con firma y apellido, no habría que desestimar que en lo próximo pertenece autoralmente a Wenders pero en lo externo es, en realidad, una obra hecha a solicitud de Salgado y que complementa un discurso que, aunque caiga en lo agiográfico, no deja de ser la perspectiva de un Sebastiao que se mira a sí mismo y que, a través del largometraje, comparte con el espectador la manera en la que él mismo desea ser visto.

Así, finalmente, se teje un entramado en el que se enlazan la fotografía y la vida de Salgado sintetizadas a través del documental en donde existe una posibilidad de lectura desde el pensamiento de Theodor Adorno logrando articular la dualidad fealdad-belleza.


ocn2* Por Óscar Colorado Nates,
(Ciudad de México, 1969)

Académico, crítico, analista y promotor de la fotografía.

Doctor cum laude en Ciencias de la Documentación por la Universidad Complutense de Madrid y master en Narrativa y Producción Digital por la Universidad Panamericana (Cd. de México) donde es Investigador de Tiempo Completo y Profesor Titular de la Cátedra de Fotografía Avanzada así como Docente de Posgrado en Narrativa y Nuevas Tecnologías

Autor de libros como Fotografía 3.0; El Mejor Fotógrafo del Mundo; Instagram, el ojo del mundo; Fotografía de Documentalismo Social; Fotografía Artística Contemporánea; El Mejor Fotógrafo del Mundo Pensamientos Decisivos: 650 reflexiones fotográficas.

Miembro del Seminario de Imagen y Cultura, la Asociación Mexicana de Estudios de Estética, el Seminario Permanente de Análisis y Crítica Cinematográfica (SEPANCINE) y de The Photographic Historical Society (Rochester, NY), entre otras agrupaciones académicas.


Alma Delia Zamorano Rojas. Es doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Actualmente Profesora-investigadora en la Universidad Panamericana Campus Ciudad de México. Su actividad docente y de investigación se centra en las Ciencias sociales y las Humanidades, con énfasis en el estudio de la cultura audiovisual y el cine. En esta área está registrada como investigadora en el Sistema Nacional de Investigadores. Las líneas de investigación que trabaja son Análisis cinematográfico y cine mexicano. Cuenta con publicaciones en revistas nacionales y extranjeras. Autora de los libros El principio del fin, imaginarios cinematográficos sobre el Apocalipsis. La familia en la pantalla grande y La niñez en el cine mexicano, entre otros.


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Referencias de investigación

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  • Wenders, W. (2014). The Salt of the Earth.
  • Zurrón, A. (2006), El mito de la fealdad. México: Fundación Mejica.

Ficha técnica:
Título Original: The Salt of the Earth
Pais: Francia
Duracion: 110 minutos
Año: 2014
Directores: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado
Guion: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado y David Rosier.
Música: Laurent Petitgand
Fotografía: Hugo Barbier, Juliano Ribeiro Salgado
Elenco: Sebastião Salgado, Lélia Wanick Salgado, Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado, Hugo Barbier, Jacques Barthélémy

 

10 comentarios sobre “Ponencia: Belleza y fealdad en Sebastião Salgado desde Theodor Adorno”

  1. Buen artículo de uno de mis fotógrafos favoritos, es un placer leerte y escucharte. Me quedo pensando y asimilando lo dicho en esta nueva entrada, muchas gracias. Saludos.

    1. Muchas gracias José Manuel por el comentario. Efectivamente, vale la pena pensar profundamente en el trabajo de este gran fotógrafo porque las implicaciones de su obra tienen una lectura en lo fotográfico pero, como pudiste ver, también en lo económico, lo sociológico pero sobre todo lo ético. ¡Muchos saludos!

  2. Muchas gracias por tan especial trabajo investigativo, vivimos unos en mundo no real y otros en una dura realidad creada por los inhumanos en que nos convertimos los seres humanos. Un mundo injusto, inequitativo, desigual…..

  3. Siempre me he detenido en publicar fotografías donde desafortunadamente el ser humano vive en esas condiciones dolorosas a nuestra mirada, con la impotencia de ayudar y sin ningún fin de lucro y mucho menos sacar ventaja de la desgracia humana pero pienso de la misma manera, no puedo ocultar lo que existe, no sólo puedo exhibir lo bello no puedo cerrar mi mirada cuando se puede crear conciencia, fealdad pero están ahí y eso no puedo negarlo y mucho menos repito hacer que no exiten que sólo nos agrada lo bello, se que hay mucha diferencia de lo que has compartido con nosotros a lo que miramos a diario en nuestras ciudades sea cual sea en donde vivamos la diferencia sería el como registramos ese momento sin “ofender” los criterios humanos, una vez más felicidades Oscar por compartir tu trabajo.

    1. Alejandro, qué interesante las reflexiones que compartes. Creo que, al final del día, el fotógrafo tiene no solamente una posición privilegiada, sino una obligación de registrar también esos aspectos oscuros de nuestra humanidad. ¡Gracias por el comentario y un gran saludo!

  4. En más de una ocasión me he visto tentado a hacer una foto de una persona que vive en desgracia. Creo que hay una creencia general de pensar que una foto de una persona en situación de calle, por ejemplo, siempre será una “buena foto” por defecto, sin embargo siento que hay cierto morbo en ello. La humanidad tiene grandes imperfecciones que conviven junto a sus grandes virtudes y, desde mi punto de vista, estas virtudes superan por mucho a sus imperfecciones.

    Aquí hay un gran dilema: fotografiar o no tal “fealdad”, ¿es correcto o incorrecto hacerlo?

    Pienso que cada fotógrafo es libre de elegir sus temáticas y los espectadores también son libres de elegir que ver y que no ver. La realidad está ahí para ser mostrada y de cierta forma no fotografiar algo es una forma de negarlo y crear un prejuicio.

    En fin, creo que me estoy enredando un poco y concluyo diciendo que la misión del artista es apostarlo todo por la belleza y la belleza tiene infinitas formas de manifestarse.

    GRACIAS por tan espléndido artículo!! Un abrazo!

    1. Querido Ernesto, agrego algo más a lo que dices que me parece estupendo: además, la misión del artista es mirar desde su individualidad, su historia, su tiempo, su lugar… El artista nos regala su mirada, y hay quien mira bellamente, aún si se trata de sujetos en la desgracia. Como bien dices, la realidad está ahí, y el artista puede elegir mostrarla, esconderla o -peor aún- darle la espalda. Yo creo que cada quien debe hacer lo que le toca, cuando le toca y como le toca.
      Te mando un abrazo agradecido por estar siempre al pendiente de estos contenidos. Con afecto, Óscar

  5. Excelente tu trabajo desde Adorno a Salgado, sin compartir las tibias críticas sobre el aprovechamiento de “lo feo” para beneficio propio, si, debo decir, que el film “la sal de la vida”, deja un sabor como este que señalas…”no deja de ser la perspectiva de un Sebastiao que se mira a sí mismo y que, a través del largometraje, comparte con el espectador la manera en la que él mismo desea ser visto.”….o bien, el exceso de bondad y humildad, hacen ruido. Saludos y gracias por tu empeño.

    1. Muchas gracias Furli. Yo, en lo personal, hubiera preferido que Salgado asumiera esa crítica, la afrontara con los motivos que se han expresado, pero que no “le diera la vuelta”. En fin, cada quien tiene sus motivos. Un abrazo y gracias por el comentario.

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